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Mozambia
Fecha: 16/01/2020, Categorías: Información, Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos
... buen trabajo Otto entró en el departamento donde estaba Franz y el inspector. — ¡Fenomenal! Conocemos a los dos sujetos, buen trabajo —dijo el inspector. — Siempre he confiado en ti Otto, ha cantado —dijo Franz. — ¿Y ahora? La dejo, o… —pregunto Otto. — Barra libre, si quieres puedes gozarla, como siempre en estos casos — respondió Franz. — Será un placer observarte, si se puede, vamos… — dijo el inspector. — Faltaría más, nunca he tenido secretos — dijo exultante Otto. Tras la breve conversación volvió a entrar en la sala y exclamo a sus subordinados: — ¡¡Crucifixión a cuerda asistida!! Preparadme la hembra. Vas a tener polla en todos tus conductos — dijo mientras miraba a Ana con ojos feroces. Ana es y atada e izada con poleas en posición de cruz mientras Otto está en el otro compartimento, los dos subordinados ultiman los detalles. — Levanta más de esa parte que quede bien tenso el cabo, se nota que es tu primera vez — dice uno de ellos. — Ya, es que no estoy acostumbrado, y ahora, que le va a hacer — contesta el otro. — Estará expuesta así en cruz un rato, cuando entre el sargento la pondremos en horizontal y tiraremos de las cuerdas de los pies para abrirlas hasta que encuentre la alineación adecuada para que el mismo sargento se la pueda fornicar — contesta el otro mientras Ana solloza. — ¿Y siempre lo hace así? — pregunta asombrado el otro. — Con las jacas que valen la pena si, he perdido la cuenta la verdad, quizá sea la que ...
... hace trescientas desde que estoy aquí, es un auténtico toro bravo el teniente. Ana tensada en cruz y el pulso desbocado le daba embates por las venas. Volvió Otto y mirando a Ana, como un fiel devoto mira a su cristo desde abajo del altar. Y, movido por un repentino impulso y bruscamente alterado, sudando por todos los poros dirigió una iracunda mirada a Ana, la cual rendida ya sentíase ajena, sacada de si misma, como situada en el umbral de una época de transformaciones. — ¡Bajadla ya! — dijo al mismo tiempo que se quitaba los pantalones, quedando con la camisa y dejando unas piernas velludas, junto con un pene erecto. Ana fue bajada y puesta en horizontal, el aire estaba inmóvil. — ¿Así mi teniente? — ¡Abridle más las piernas! — contesto Otto. — Tira más de cuerda — dijo el otro al novato. — Mi teniente, ya la tiene alineada. Otto, pene en mano, embistió como un tren de mercancías dando trallazos pélvicos, cada embate era más agresivo que el anterior. Estremecíane en cada embestidas las nalgas de Otto emitiendo sonidos guturales de su garganta. El sostenido embate de Otto se iba rompiendo en ritmo — unas débiles; otras brutales; siempre más espaciados — y, con pasmoso desenfado, se despojó de la camisa, quedando completamente desnudo. En la brusquedad del atolondramiento, Ana no acababa de entender lo que ocurría, daba por terminada su penetración vaginal, pensaba ella. Movido por un estallido nervioso, Otto escogió esta vez el conducto anal y volvió ...