1. El calvario de Luciana (10)


    Fecha: 05/02/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... señora arquitecta. –dijo sintiéndose invadida el morbo y con alguna esperanza de que la jefa se los contara.
    
    Emilia la miró a los ojos, sonrió y le dijo:
    
    -Lo vas a saber en su momento, Elba. Ahora andá a encargarte de la yegua antes de que la deje ir. Hacé que se dé una ducha, que se vista y me la traés.
    
    -Bien, señora. –dijo el ama de llaves y se retiró para cumplir con las instrucciones.
    
    Tomó de la sala de juegos la ropa, los zapatos y la cartera de Graciela y se encaminó a la celda. La esclava se hallaba tendida en el camastro y se incorporó prestamente al oír el sonido de la llave girando en la cerradura. Estaba de pie en la posición correcta, la cabeza gacha, las piernas juntas y las manos en la nuca cuando Elba le dijo con ese tono duro que empleaba siempre con ella:
    
    -Sígame, va a tomar una ducha.
    
    Sin levantar la cabeza, Graciela pudo sin embargo ver que el ama de llaves tenía su ropa y dedujo entonces que había llegado el momento en que la dejarían irse de la mansión. Pensó en su marido, en sus hijos y en su empresa y siguió dócilmente a Elba hasta las duchas. El ama de llaves la empujó adentro de uno los estrechos cubículos y no dejó de mirarla de arriba abajo durante la ducha.
    
    “¡Cómo me calienta esta hija de puta!” se dijo mientras la tomaba de un brazo para sacarla del cubículo una vez que Graciela se hubo secado.
    
    -Vistasé. –le ordenó y dejó en el piso la ropa, la cartera y el calzado. Cuando Graciela terminó de hacerlo le dijo: -Sigamé. La ...
    ... señora la espera.
    
    “La señora…” repitió la esclava para si misma y sintió de pronto un intenso deseo de ver a su Ama.
    
    -Dejanos solas, Elba. –dijo Emilia cuando tuvo ante ella a una Graciela demacrada y ojerosa por la noche de insomnio. La proxeneta estaba sentada a su escritorio, con la esclava de pie, las piernas juntas, las manos en la cabeza y la mirada en el piso.
    
    -Bueno, perra, ahora a casita. –le dijo.
    
    -¿Puedo hablar, Ama?...
    
    -Puedo ladrar, habrás querido decir.
    
    -Sí, Ama, ¿puedo ladrar? –repitió notando que se iba degradando cada vez más y que nada haría para impedirlo.
    
    -Ladrá, perra. –la autorizó Emilia.
    
    -Ama, ¿cuándo… cuándo vuelvo aquí?... –preguntó en un susurro.
    
    Emilia demoró la respuesta sabiendo que eso ponía muy ansiosa a su esclava y por fin dijo:
    
    -No lo sé, supongo que cuando me den ganas de volver a tenerte.
    
    -Ama… no… no puedo vivir sin usted…
    
    -Lo sé. Sé que siempre fuiste una perra, una miserable y puta sierva a la espera de que alguien te descubriera tu esencia. Y ese alguien soy yo.
    
    -Es verdad, Ama… Nunca he sido más yo que ahora…
    
    -¿Qué estás esperando entonces para agradecérmelo, miserable puta?...
    
    -Gracias, Ama, se lo agradezco con todo mi ser…
    
    Emilia se puso de pie, rodeó el escritorio y se plantó ante Graciela, le ordenó que se pusiera en cuatro patas y le dijo:
    
    -Lamé mis zapatos, perra callejera.
    
    Graciela respiró hondo, cada vez más excitada y mientras advertía que había comenzado a mojarse acercó su ...
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