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El calvario de Luciana (10)
Fecha: 05/02/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... rostro a los pies de su Ama y comenzó a lamer uno de sus zapatos, negros y de altísimos tacos. Mientras lamía fue como si su conciencia se disolviera en un pozo negro. Perdió la noción de si misma, aun de su condición de esclava de Emilia y sólo fue su lengua lamiendo esos zapatos. Al cabo de un momento Emilia ordenó: -Basta. Ahora arrodillate. –y cuando la tuvo en esa posición dijo: -Voy a someterte a un test de identidad, sierva. Graciela no entendió hasta que Emilia, de pie ante ella, dijo: -¿Qué sos? La esclava dudó un momento sobre el sentido de la pregunta, pero luego dijo convencida: -Una esclava, su esclava, Ama, y todo lo que usted quiera que yo sea. -Entonces, ¿no sos una empresaria? Ya segura de lo que sentía dijo sin vacilar: -No, Ama, ésa no es mi esencia. -¿Tampoco sos una esposa? -No, Ama, tampoco ésa es mi esencia. -Pero supongo que sos una madre, ¿verdad?, la madre de esos dos hijos que tenés. –dijo la proxeneta con un dejo de desprecio en la voz. -Sí, Ama, soy una madre esclava… Emilia pensó que la respuesta había sido perfecta. No esperaba que la yegua abjurara de su condición de madre, pero se había definido como una madre esclava y eso era realmente notable. La miró a sus pies, de rodillas, en postura de sumisión, totalmente entregada, Miró su hermosa cabellera rojiza, con esos rulos que la hacían tan sensual, y se felicitó de haber atrapado a tan valiosa presa. -Bueno, listo, ya veo que sabés ...
... perfectamente cuál es tu identidad. Graciela supo que no debía decir nada. -Andáte. -ordenó Emilia y ella entonces preguntó mientras tomaba su cartera del piso: -¿Puedo hablar, mi señora? La proxeneta sonrió al oírse llamar de esa manera y autorizó a la esclava, que dijo: -Espero que… que no pase mucho tiempo hasta que usted me convoque, Ama… Cada día sin usted es muy duro para mí… -Será cuando yo lo decida, perra callejera y puta. Y ahora andate de una buena vez. -Sí, ama… -dijo Graciela con tono dolido y salió de la oficina rumbo a su automóvil sintiendo que la angustia la oprimía al ignorar cuando volvería a ver a su dueña absoluta. Una vez de regreso en su casa le resultó un suplicio la escena que le montó su marido, que estaba a punto de irse al trabajo, y logró apenas contenerse y no estallar en un ataque de nervios. Sus hijos no estaban y eso le facilitó las cosas. En determinado momento dejó al hombre con la palabra en la boca, fue hasta el dormitorio, se desnudó y se metió rápidamente en el baño para tomar una ducha. Estaba bajo el agua caliente y reparadora cuando su marido le dijo al otro lado de la puerta: -Me voy a trabajar. A la noche hablaremos. -¿Para qué hablar?. –dijo Graciela en voz baja. De pronto se permitió tomar conciencia de algo que venía perturbándola desde hacía algún tiempo y que ella venía tratando de ocultarse a si misma: había dejado de amar a su marido, ya nada la unía a él, ya no le importaba ese hombre; sólo sus hijos y su ...