1. Historia del chip (046): La celda (Shara 001)


    Fecha: 19/02/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: chopin, Fuente: CuentoRelatos

    ... el pie derecho. Casi se imaginaba la escena, parecía estar rogando que le azotasen la planta desnuda.
    
    —Ahora está mejor. Desde ahora, primero elevas los talones, luego presionas los pechos con fuerza. No olvides las faltas de hoy para anotarlas posteriormente. En cada registro debe constar la razón por el castigo. Ahora sólo trata de centrarte en los azotes.
    
    La espera era angustiosa. El primer golpe fue mucho más intenso que el día anterior. Y se movió ligeramente.
    
    —No lo tendré en cuenta, Shara, pero no debes de moverte en absoluto.
    
    No lo estaban azotando a él. Shara cambió de pierna. El simple hecho de alargar el pie derecho fue como una tortura. El golpe en el pie izquierdo fue rápido. A partir de ahí, los azotes fueron rápidos. Se quedó quieta mirando a la pared, con los pechos ya quejumbrosos al cabo de un rato.
    
    —Puedes girarte, Shara.
    
    Sin pensar realmente que correspondía, Shara volvió a su postura de exhibición, manos en la nuca y piernas abiertas, aliviada de bajar los talones y liberar los pechos.
    
    —Una falta, Shara. Ahora tocaba besarme. Lleva tus brazos a mi cuello y comienza.
    
    Shara lo besó ofreciendo el cuerpo mientras buscaba sus labios. Habib acarició sus pechos por primera vez. Mucho antes de que pudiera apreciar el deseo del hombre, este soltó los pechos y retiró los labios.
    
    —Vamos con la sesión de nuevo. Los azotes anteriores era los obligados, ahora vamos con la compensación por las cinco faltas de ayer. Serán a los pies, las ...
    ... nalgas y la espalda. La primera posición ya la conoces.
    
    Shara no dudó en absoluto, había memorizado la secuencia con fervor, no quería añadir una nueva falta a su larga lista. El pie derecho estuvo ofrecido en un santiamén, pegado a su nalga, los pechos aplastados, el otro pie alzado de antemano. Habib aplicó los azotes con la misma velocidad que antes y a Shara le dolieron menos, a pesar de que los impactos seguían dejándola sin respiración.
    
    —Puedes bajar el pie izquierdo. No olvides mantener los dos talones bien levantados. Así, muy bien. Iré primero por la nalga derecha. Presiona con tu pubis la pared.
    
    El primer azote en la nalga, a pesar de dolerle no fue tan cruel como en las plantas de los pies. Cuando se acabó la serie en ambas nalgas, Habib siguió explicándose.
    
    —Ahora cambiaré de látigo. No quiero dañarte la piel de la espalda. El artefacto que voy a usar es sónico. Básicamente, tus nervios sentirán el estallido del látigo y tu piel quedará incólume. No es el dolor del cuero golpeado lo que debe de preocuparte, sino la reacción de contracción. Cuanto antes aprendas a relajarte, mejor podrás soportar sus efectos.
    
    Shara no sabía cómo podía nadie relajarse cuando se iba a recibir un latigazo. Habib pareció leer sus pensamientos.
    
    —No anticipes el movimiento. Mejor lleva tu mente a una parte tuya que ya haya sido azotada o a la incomodidad de tus pechos.
    
    Eso último no era difícil. El latigazo sónico llegó al momento. Shara bajó los talones ante el dolor, ...
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