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Historia del chip (046): La celda (Shara 001)
Fecha: 19/02/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: chopin, Fuente: CuentoRelatos
... había sentido como si toda la espalda hubiera sido cortada. Aunque lo tenía totalmente prohibido, llevó su mano derecha de la nuca a recorrer la piel de la espalda, incapaz de creer que no estuviese saliendo sangre. —Lleva la mano a la nuca de nuevo, Shara. No hay ningún corte. Y en unos cinco minutos el dolor dejará de estar ahí. Relájate para los siguientes latigazos. Shara no pudo pensar en nada más que en lo que venía encima, el resto de dolores triviales comparados con ese. Consiguió no mover las manos y en cuanto Habib acabó de azotarla, Shara se dispuso a besarlo con atrevimiento. El beso fue mucho más elocuente. Habib estuvo un largo rato ofreciéndole sus servicios, apreciando las formas voluptuosas de los senos con criterio y cierta devoción. Shara no movió las manos de su nuca, a pesar del magreo incesante y persistente. Por un momento, casi olvidó las penas en su espalda y ni siquiera se acordó de contar hasta treinta, centrada en el placer en sus pechos voluptuosos. —Vamos. Shara pudo por fin bajar los brazos y casi lloró de gozo, de cansados que los tenía. Ayudó a Habib a calzarle los zapatos. Los pies protestaron sin cesar. Shara ya sabía a estas alturas que el dolor no desaparecería en horas y, mientras tanto, el dolor en la espalda había desaparecido totalmente. Shara se vistió con ayuda de Habib, con mayor facilidad que el día anterior. Su cabeza erguida y sus talones elevados al cielo la hacían sentir más alta que nunca. Habib la cogió ...
... por la cintura. —Primer paso adelante, Shara. No lo hagas muy amplio y baja el pie con sensualidad y elegancia. El movimiento fue grácil a pesar de su dificultad y pronto el otro pie realizó su primer movimiento. Cuando Shara hubo dado diez pasos, la hizo girarse para besarla. Shara llevó sus brazos a la nuca de Habib como tenía establecido y casi, sin pensarlo, se preparó para ser acariciada de nuevo. Por suerte para ella. esperó a ser besada antes de corresponder. Ya no había dolor en la espalda y solo las nalgas y las plantas de los pies atenuaban el gozo que sentía. Sus pezones parecían explotar de emoción y sus senos estaban hinchados de necesidad. Tuvo un orgasmo. El primer orgasmo de su vida, fuera de sus sueños. Habib la sostuvo mientras lo tuvo, maravillado ante la vibración inconfundible y el deseo que percibió. Shara se recobró con rapidez y ajustó su postura. Tenía tantas ganas de hablar o de besarlo que casi no pudo contenerse. Dima tenía razón: se había enamorado. A partir de ese momento, seguir a Habib le resultó más fácil. Hicieron una tanda de veinte pasos y Shara hubiera dado cualquier cosa por otro orgasmo, pero Habib abandonó el beso antes de lo previsto, mientras que Shara ni se planteó contar hasta treinta. Ya ni siquiera el dolor en los pies o en las nalgas limitaron el movimiento o la resolución de Shara, dispuesta a cualquier cosa por ese hombre. Cuando llegaron a hacer los cincuenta pasos y después de una sesión de lenguas y manos sobre ...