1. Historia del chip (046): La celda (Shara 001)


    Fecha: 19/02/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: chopin, Fuente: CuentoRelatos

    ... cuanto Zahira volvió la expuso.
    
    —¿Puedo tocarme?
    
    Zahira se rio por un momento.
    
    —Una pregunta previsible. Sí, puedes tocarte. Una vez rompiste tus votos, no tiene la menor importancia. Pero es algo decepcionante. Te planteas las cosas en función de ti misma, no de tus amos. Grave error. La pregunta adecuada habría sido: “¿Por qué no me tocas?”
    
    —Lo siento.
    
    —No, no lo sientes. Pero no es el momento. Ve a hacer tus necesidades y luego te contaré dónde dormirás.
    
    Shara tuvo que orinar y defecar en el aseo con paredes de cristal, sintiendo de nuevo una gran humillación. Se limpió cuidadosamente y a la vuelta se colocó en la primera posición.
    
    —Hay un pequeño botón justo ahí —explicó Zahira con vehemencia—. Si ninguno de nosotros está por aquí puedes prepararte la cama tú misma— mostrándole dónde estaba el mecanismo de apertura.
    
    Apareció una tabla parecida a la que usó para comer: metálica, grisácea y fría. Era mucho más larga, naturalmente, pero poco ancha al parecer de Shara. No parecía nada acogedora y no era completamente lisa. Aparecían unos peculiares salientes redondeados, que en los bordes se multiplicaban y, al cabo de unos momentos, también en la pared. Shara se preguntó cómo iba a poder dormir allí. Más que una cama parecía una tabla de faquir.
    
    —Es más aparente que otra cosa— prosiguió Zahira. —Te permitirá mantener el calor, de ahí las esferas, para que tu piel no contacte con la superficie lisa de la tabla. Notarás que deberás tratar de ...
    ... quedarte boca arriba o boca abajo. Hay un par de zonas libres de calor, allá dónde irán tus pechos y tu pubis, para evitar males mayores. En el resto de lugares, si te mueves demasiado deprisa o apoyas demasiado, percibirás el calor en exceso. No es un asunto de crueldad, sino de necesidad. Debes aprender a estar quieta en la cama para cuando tu amo te acaricie o simplemente para que no lo molestes cuando duerma contigo.
    
    —¿Y por qué no puedo estar de lado?
    
    —Lo descubrirás por ti misma. El peso debe estar repartido. Si una esfera recibe demasiado peso, no podrá protegerte del calor que emana de la parte lisa. Y te obligará a moverte. No te preocupes demasiado por esos detalles. ¿Has decidido si vas a tocarte?
    
    —Trataré de no hacerlo, ya que tú no lo deseas.
    
    —En ese caso te recomiendo que enganches tus pulgares en estos pequeños salientes de la parte de arriba y que sólo los retires cuando tengas que cambiar de lado.
    
    —Será muy incómodo. No estoy acostumbrada a dormir con las manos por encima de la cabeza.
    
    —Sí, lo supongo. Por eso se llama entrenamiento.
    
    *__*__*
    
    Tardó una semana en conseguir dormir varias horas seguidas y siempre se despertaba contracturada. Sus pulgares quedaban enganchados en las pequeñas arandelas y así sus brazos se mantenían por encima de la cabeza. Sus pies también conectaban a unas arandelas parecidas obligándola a mantener las piernas abiertas, sin importar que estuviera boca arriba o boca abajo.
    
    Esa noche no está durmiendo ...
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