1. Las desventuras de Elena (5)


    Fecha: 23/02/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... una vida normal y mirate ahora, esclavizada en El Club, sometida a los deseos de un viejo asqueroso, convertida en carne de placer para quien quiera usarte...
    
    Mientras hablaba iba deslizando su lengua por la oreja de la pichona, cuya angustia crecía y le iba llenando los ojos de lágrimas. Los sollozos la agitaban y Julia, al advertirlo, le hizo girar la cabeza hacia ella y la miró a los ojos:
    
    -¿Sabés una cosa, perrita? Verte llorar me excita todavía más.
    
    Agustina cerró los ojos y sus lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas. Julia había descubierto que la crueldad obraba en ella como un poderoso afrodisíaco, y siguió empleándola con su indefensa víctima:
    
    -Voy a hacerte algunas preguntas, y vas a contestarme moviendo la cabeza por sí o por no, ¿entendiste? –dijo mientras el taxi seguía su recorrido con un chofer atento al tránsito y desentendido de sus pasajeras. Agustina movió la cabeza de arriba abajo, sin abrir los ojos.
    
    -¿Vivís sola?
    
    La pichona movió la cabeza hacia los costados.
    
    -¿Con tus papis?
    
    La respuesta fue afirmativa e hizo sonreír a Julia.
    
    -Ay... me imagino lo desesperados que deben estar ante la desaparición de su hijita... –dijo fingiendo condolerse. Agustina dejó caer su cabeza y se vio sacudida por nuevos sollozos.
    
    Julia, muy excitada, la tomó del pelo para enderezarle la cabeza y prosiguió con el interrogatorio luego de advertirle al oído:
    
    -La cabeza derechita, mi amor, o cuando lleguemos lo primero que voy a hacer es ...
    ... calentarte el culo con un cinto... ¿Fui clara?
    
    Agustina abrió los ojos hasta el límite y asintió con una expresión de intenso miedo.
    
    -Así me gusta... y ahora decime, ¿sos hija única?
    
    La chica volvió a indicar que sí.
    
    -Bueno, amorcito, ahora ya no tenés papis sino un Amo y pertenecés al Club...
    
    La chica rompió entonces en desgarradores gemidos ahogados por la mordaza metálica.
    
    -¿Algun problema? – preguntó el chofer mirando a las pasajeras por el espejo retrovisor:
    
    -Grave, no. –contestó Julia acarciando a la esclavita en la cabeza con fingida piedad. –Pero mi sobrina se siente un poco mal del hígado, así que si puede apurarse se lo agradecería...
    
    -Cómo no, señora... –dijo el taxista y pisó el acelerador. Poco después llegaban a destino y mientras subían por el ascendor hasta el octavo piso Julia empezó a meterle mano a su presa. Le acarició las tetas por encima del pullover y le dio un beso en la boca que la pichona correspondió lo mejor que pudo.
    
    -Así me gusta, amorcito... bien mansita tenés que ser con mami Julia... –le dijo. Agustina asintió con la cabeza y el Ama abrió las puertas del ascensor sintiéndose ansiosa de disfrutar de ese bocadito que el destino había puesto en sus manos. Ya dentro del departamento le quitó a la esclavita la mordaza metálica y la chica quedó durante un momento aspirando con fuerza por la boca.
    
    -Desnudate. –le ordenó Julia y Agustina lo hizo sin vacilar.
    
    -Ahora tengo que hacer algunos llamados. Mientras tanto andá a ...
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