1. Las desventuras de Elena (5)


    Fecha: 23/02/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... Ama movió uno y otro pie y la bombacha quedó en el piso, separó las rodillas, se echó hacia atrás en el sillón y dijo:
    
    -Quiero tu lengua haciéndome gozar, pichona...
    
    Agustina vaciló entre el asco y el miedo, y terminó inclinándose lentamente, con los ojos cerrados, hacia esa concha rasurada que la reclamaba mostrando en sus labios externos el brillo del flujo que había comenzado a mojarla.
    
    -Abrime los labios y meté tu lengua, perrita... –exigió Julia.
    
    El miedo al castigo comandaba las acciones de Agustina, que con dedos temblorosos obedeció la orden y empezó a mover su lengua torpemente.
    
    -¡En el clítoris, estúpida! –le gritó Julia crispada. -¡En el clítoris quiero tu lengua!
    
    La chiquita entreabrió los ojos y vio el clítoris del Ama, duro y rojo, y comenzó a lamerlo y a chuparlo provocando estremecientos de placer en Julia, que la animaba entre jadeos y gemidos.
    
    -En el culo... –dijo el Ama. -Quiero... quiero tus dedos en mi culo... –La esclavita le metió primero un dedo y luego otro.
    
    -Movelos... ¡¡¡Movelos!!!... ¡¡¡Metémelos bien adentro!!!...
    
    Agustina era una máquina trabajando con su lengua y esos dedos que hacía avanzar y retroceder dentro del culo de Julia, que temblaba estremecida removiéndose en el sillón presa de la más violenta calentura.
    
    Por fin explotó en un orgasmo interminable y soltó en la boca de la pichona una abundante cantidad de jugos mientras la mantenía aplastada contra su concha sujetándola con fuerza por la cabeza, para ...
    ... evitar que se echara hacia atrás.
    
    -Tragátelo... tragate todo mi orgasmo... –exigió con voz enronquecida y Agustina lo hizo crispando su rostro en una mueca de asco. Julia entonces le apoyó un pie en la cara y la derribó de espaldas en el piso, donde la esclavita quedó inmóvil tratando de controlar su angustia. Pensaba en lo que Julia le había dicho durante el viaje, y de pronto rompió a llorar.
    
    Julia, que reposaba antes de volver a gozar de su presa, ésta vez como activa, disfrutó un momento del hondo pesar de la chica y finalmente le dijo inclinándose hacia delante en el sillón:
    
    -¿Qué pasa, pichona?
    
    -Se lo suplico, Ama Julia... se lo... se lo suplico... –contestó la esclavita entre sollozos. Julia se puso de pie, se quitó la ropa y volvió a sentarse:
    
    -¿Qué es lo que me suplicás?
    
    -No puedo... no puedo más, señora... déjeme... deje que vuelva... que vuelva a mi casa... –y luego de pronunciar estas palabras dificultosamente a causa de los sollozos que la estremecían, se arrodilló en actitud suplicante y miró a Julia con ojos velados por las lágrimas.
    
    Julia no respondió enseguida. Sostuvo esa mirada que hubiera conmovido a cualquier ser mínimamente compasivo, pero no a ella, y por fin dijo:
    
    -Sos muy bonita, Agustina... ¡muy bonita!... pero muy estúpida también. ¿Cómo se te ocurre que te voy a dejar ir?
    
    -Por favor...
    
    -Olvidate para siempre de tu casa. Vos sos carne de tu Amo y del Club. Ahora el Club es tu casa. Metete eso en la cabeza, ¿oíste, ...
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