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Ese silencio absoluto de las bibliotecas
Fecha: 06/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... el Scalextric, un paso elevado que partía del bulevar de la Gran Vía, cruzaba Urzáiz y sobrevolaba la calle Lepanto a más de seis metros de altura, una auténtica aberración urbana, una mole de hormigón que por suerte con los años se derribó, pero que en aquella época era un símbolo del ambiente más alternativo de la ciudad, y esa noche, nos sirvió para perdernos entre sus columnas y sus sombras. Por un momento me pareció volver a sentir aquellos dedos fríos recorriendo mi piel desde el ombligo hasta llegar a mi pubis, notar como se enredaban en los pelos de mi sexo y el primer escalofrío cuando llegó a mi zona más sensible. Recordé nuestro aliento a cerveza y tabaco, eso hoy en día posiblemente me echase para atrás, pero recuerdo que en aquella ocasión me excitaba. Era la primera vez que me enrollaba con un chico que había conocido esa misma noche. Supongo que, en un intento de emular la estética de la época, el llevaba unos pantalones de tela negros horribles, pero por suerte para mí, de fácil acceso por lo que mi mano llego pronto a objetivo. No era la primera vez que tocaba una polla, pero sí fue de las primeras veces en que fui consciente de como crecía en mi mano, y sobre todo del morbo que me producía ver cómo aquel chico mezcla entre gótico, punk y colonia del Corte Inglés se estremecía con lo que yo le hacía. Sus dedos tampoco estaban falta de práctica, a pesar de lo ceñido de mis vaqueros consiguió llegar a penetrarme con dos de sus dedos mientras la palma ...
... de su mano rozaba mi clítoris excitadísimo, aquella noche no follamos, pero tanto él como yo acabamos con nuestras respectivas manos empapadas. Mientras mis recuerdos me llevaban a aquella noche, volví a buscar con la vista a mis compañeros de biblioteca. El seguía acariciándola, las bragas de la chica colgaban únicamente de su tobillo izquierdo, en la tensión de piernas imaginé lo que estaba sintiendo en ese momento. Instintivamente, mi mano bajó hasta el primer y segundo botón de mi camisa desabrochándolos de forma rápida, dejando el paso suficiente para introducirla y que mis dedos acariciasen mis ya endurecidos pezones. A pesar de sus esfuerzos en ocultarlos de vez en cuando, podía escuchar alguno de sus gemidos, cuando eso pasaba, una explosiva mezcla entre vergüenza, excitación y morbo que nunca había sentido, se apoderaba de mí y hacía que no pudiese parar e irme. Noté como mi excitación iba en aumento, más cuando ella se dio la vuelta reclinándose sobre la estantería, él la agarro por la cintura y la penetro. Otra vez una sensación de culpabilidad y morbo hizo que un escalofrío recorriese mi cuerpo, aun así, mi mano libre se deslizó entre mis muslos que llegó sin resistencia a mi sexo. Estaba totalmente mojada, hacía tiempo que no me sentía tan excitada y caliente, me había convertido en una voyeur por accidente, mientras me tocaba veía como la penetraba, a la vez que yo pasaba mí dedo medio por encima de mis labios vaginales. Ya estaba completamente ...