-
Ese silencio absoluto de las bibliotecas
Fecha: 06/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... entregada, hubo un momento que pensé que alguien más podía entrar en la sala, pero me daba igual, mis dedos seguían deslizándose de arriba a abajo, intentando de alguna forma sincronizarme con ellos. Mi respiración se hacía cada más entrecortada y ya no paré, ya no podía, no sé si fueron los recuerdos de un tiempo pasado o solo el morbo de ver a aquella pareja de jóvenes follando a pocos metros de mí, de lo único que estaba segura era de que estaba a punto de correrme en una biblioteca. El roce de las yemas de los dedos en mi clítoris, provocó que otro escalofrío recorriese de nuevo mi cuerpo y me transportase al primer orgasmo que tuve al ser penetrada, fue con el que sería mi primer marido. Él había empezado a trabajar en la ciudad, y tenía piso propio. Novio con piso era sinónimo de polvo en aquella época, y en todas supongo. A Fernando lo conocí pocos meses después de mi aventura con el gótico, menos lanzado al principio, pero al que se le encendía con suma facilidad, en cierto modo me recordaba un poco al chico que a pocos metros de mí estaba penetrando a mi antigua alumna. Fernando y yo disfrutábamos descubriendo nuevas posturas, tener una casa siempre daba más posibilidades que un coche. La primera vez que tuve consciencia de tener un orgasmo siendo penetrada fue precisamente haciéndomelo por detrás, recuerdo que me levanté del sofá a ver las luces de la calle, vivía en un séptimo desde el que se vía la Gran Vía, recuerdo que era de madrugada algunos coches ...
... que se dirigían a los locales última hora cruzaban la calle a toda velocidad. Recuerdo tener la frente pegada al cristal y que un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando note los labios de Fernando en mi pescuezo y la delicadeza de sus manos al deslizar mis bragas por los muslos. En ese momento me entregué completamente a él, sentí su miembro penetrarme mientras mi aliento empeñaba el cristal de la ventana. Y poco más de veinte años después, ahí estaba yo en una biblioteca masturbándome mientras observaba furtivamente como una pareja follaba. El recuerdo de aquel momento hizo que mis dedos frotasen con más ahínco, pasé mi dedo medio por encima de mis labios vaginales, mientras arqueaba poco a poco su cuerpo. Frote con fuerza mis labios exteriores, de arriba para abajo y de nuevo hacia arriba hasta llegar a mi clítoris, manteniendo por unos instantes el ritmo, hasta que tuve que ahogar mis propios jadeos, cuando una descarga eléctrica en mi entrepierna me hizo temblar de placer. El orgasmo fue intensísimo tuve hacer un esfuerzo inmenso para no ser descubierta e ir poco a poco recuperando la normalidad. Abrí los ojos, suspiré y de pronto volví a sentir el silencio típico de aquella biblioteca; despacio giré mi cabeza, pero tras los archivadores solo se veían hileras de libros, ni rastro de aquella pareja. Al principio me asusté, pero en seguida me levanté, me abroché la camisa, me arreglé la falda recogí mis cosas, aquel día no iba a trabajar, hacía una estupenda mañana de ...