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Iris y yo
Fecha: 04/04/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Hard Ellioth, Fuente: CuentoRelatos
Hace casi un año, en las fechas de fin de año, se reunió toda la familia como es costumbre, incluso amigos de la familia, y la familia política también. Mi madre me presentó a una chava muy linda, de unos 20 años, morena clara, ojos negros, de 1.60 y algo, cuerpo esbelto y con unas caderas bien proporcionadas, total, bonito culo y unas tetas tentadoras. Me dijo que era mi prima de no sé dónde, nunca la había visto la verdad y eso era porque era sobrina de algún familiar lejano, en fin, relativamente no éramos nada, ni apellidos, nada. Su nombre era Iris. Durante esos días, hice mucho acercamiento con "la prima", charlábamos de cualquier cosa, de lo que estaba de moda, nos reíamos, además estábamos de acuerdo en muchas cosas, todo muy en buena onda. Cuando íbamos a la playa no podía quitarle los ojos de encima, y trataba de estar todo el tiempo cerca de ella, sus curvas eran las de toda una hembra que pocas veces miraba, y claro, todo eso se complementaba con su buen carácter y personalidad, de verdad, me tenía embobado. En una de esas, mientras nadábamos algo lejos de la orilla, lejos de la vista de los demás, platicamos, cada vez más cerca, me abrazaba, se colgaba de mi cuello y seguíamos en la plática, era algo coqueta, como si quisiera seducirme con su boca a robarle un beso, no sé, todo un gusto estar con esa mujer. Nos calentamos y terminamos con unos cuantos besos inocentes, su intención era dejarme con ganas de más, y lo logró. - No sé qué pretendes - ...
... Le dije entre risas y la mantenía junto a mí, rodeándola con mis brazos, mientras ella tenía sus brazos en mi cuello. - No te entiendo - Dijo sonriendo picara y con una mirada llena de morbo. Me tenía muy caliente ya, y no tuve más opción que hacer que notara mi erección tomándola de las nalgas por debajo del agua y empujarla hacia mi miembro. - Espero y ya me entiendas - Le dije susurrándole y robándole un beso. Ella inmediatamente respondió mi beso y jugueteamos un poco con nuestras lenguas. Al poco rato tuvimos que salir del mar para ir a comer, y regresar a casa. Durante todo momento compartíamos miradas y sonrisas, y yo ya le llevaba unas ganas enormes. Así pasaron los días, compartíamos cuando podíamos y cuanto podíamos, pues temíamos que alguien de la familia se enterara, que aunque no estaba mal, por mero respeto a los mayores decidimos no andar por ahí cachondeando como si nada, aunque uno de las tías podía darse cuenta de lo que traíamos entre manos, y sin embargo, a ella tampoco le parecía importar, pues de nuevo, Iris y yo no éramos más que familia política. Una mañana de un día que me levanté algo tarde, poco antes del mediodía, ya todos habían salido a pasear, y no regresarían hasta la noche, pensaba que estaría solo durante todo el día. Bajé a desayunar, y me sorprendió ver que Iris también se había quedado, y lo mejor, aún estaba en ropa de cama, un camisón algo viejo y ligero, no llevaba sostén y sus pezones se veían maravillosos, pequeños ...