-
La habitación nº 13
Fecha: 06/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Senefelder, Fuente: CuentoRelatos
... respiración. Comenzó a palpar sus suaves labios especialmente deseosos de entrar en movimiento. Una puerta se abrió y cerró repentinamente al fondo de la habitación, justo en frente de ella haciendo que diese un respingo en la silla. Sea quien fuera el tal Óscar se encontraba frente a ella observándola. Se sintió violentamente insegura, pero al mismo tiempo morbosa. Extraordinariamente morbosa. Su corazón se desató en una carrera por bombear la sangre de todo su cuerpo. Tac… tac. Se oyeron dos lentos pero seguros pasos en su dirección, por su sonido debía de tratarse de un calzado duro. Unos zapatos o botas quizás. -¿Deseas seguir mi juego, Ilda? –Le interrogó Óscar con firmeza. Se encontraba ante un desconocido con las piernas entre abiertas y los ojos tapados. Su voz, grave y ligeramente engolada, era como se la había imaginado. -A eso he venido – respondió ella- ¿Qué me propones, Óscar? El hombre comenzó a pasear alrededor de su silla en círculos, observándola. Ella notaba su esencia masculina, desprendía un perfume muy suave con un notable olor a ámbar y coco. Óscar acercó su nariz al cuello desnudo de Ilda, se complació por ver que la tenía dominada. Mientras escudriñaba su sujetador rebosante por sus turgentes y aterciopelados pechos se deshizo de su ropa dejándola caer al suelo. Ilda pudo escuchar el sonido metálico de la hebilla de su cinturón. La tomó de la mano levantándola de la silla y dirigiéndola a la cama. La colocó arrodillada ...
... con sus manos sobre la planta de sus pies. -¿Te fías de mí? –le preguntó él. Pero justo antes de poder articular palabra sintió sus manos esposadas. Un tímido grito se alojó en su garganta sin llegar a emitir sonido alguno. Muy lentamente se situó detrás de ella. Sus caricias eran como una tela rozando su cuerpo y la fina saliva que recorría sumamente despacio la parte trasera de sus orejas se trasladó fluyendo lentamente como lava hasta su espina dorsal. Le apartó la melena, agarrándola del cuello con sus dos manos sin dejar de ofrecerle su templada lengua en forma de pequeños lametones detrás de sus orejas. Tanto se ciñó a ella desde su espalda que colocó su pene y testículos desnudos casi hirviendo sobre sus manos desnudas. La lengua dejó paso a los dientes y los pequeños lametones se transformaron en mordiscos a lo largo de su cuello, cual animal tanteando a su presa. Ilda estaba realmente excitada, sentía sus dientes aprisionando su cuello y, en sus manos, su sexo duro y caliente. Comenzó a disfrutar de su textura y firmeza entre sus manos mientras intentaba masturbarle moviéndole la piel a lo largo de todo su tronco. Podía incluso sentir sus venas dilatadas por la excitación que el masaje de Ilda le provocaba con sus finas manos. Óscar se movía buscándolas, como un león busca el placentero roce de un árbol sobre su lomo. Le acarició el sostén suavemente y levantándolo liberó sus pechos, los cuales comenzó a acariciar con especial suavidad. Ilda exhalaba ...