1. Engracia divina


    Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Un hombre y una mujer comen tranquilamente una pizza tomando los trozos directamente de la caja en que la ha traído un motorista hace media hora. Sobre la mesa blanca, sin mantel, dos cervezas empezadas y una ensalada apenas picoteada. La mujer come mientras concentra la mirada en la pantalla de un portátil. Está leyendo. A veces ríe, otras cabecea afirmativamente, en algunas ocasiones frunce el ceño y resopla levemente por la nariz.
    
    El hombre mordisquea la pizza sin dejar de mirar a la mujer que lee. Está interesado en sus reacciones. Se alegra cuando ella lo hace y pone cara de preocupación cuando la mujer parece irritarse.
    
    Al fin ella aparta la vista del ordenador portátil. Mira al hombre y sonríe sensualmente.
    
    Le ha gustado el relato y así se lo hace saber al tipo. Parece que además la ha excitado. Una leve mancha de humedad en sus braguitas de seda así lo atestigua. La mujer rodea la mesa blanca, se quita las bragas y las deja en el suelo; revuelve los cabellos del sujeto con la mano. Le felicita por lo que acaba de leer. Es el momento de compensarle. Le tiende un sobre que había sobre la mesa. Él lo coge y murmura una frase de agradecimiento. Sin embargo su mirada no se aparta de la mata de pelo rojizo que adorna las ingles de la mujer. Ella lo advierte pero no parece molestarle. Al contrario, hace pasar uno de sus gruesos y pálidos muslos delante de las narices del hombre. Se sienta en la mesa ante su invitado. Ahora abre más las piernas. Su sexo es abultado ...
    ... y oscuro. Los labios emergen de la mata cobriza y muestran, entreabiertos, una vagina húmeda y rosada. Sentada ante el hombre, la pelirroja sube sus pies desnudos hasta apoyarlos en los muslos de él. Están muy cerca de la verga endurecida que abulta el pantalón vaquero gris. El hombre debe tener algo más de cincuenta años. Lleva puesta una camiseta de manga corta y su aspecto no es del todo desagradable, a pesar de tener algún quilo de más. Pelo gris bien peinado y cara afeitada. Huele a loción.
    
    La mujer está ante él con su sexo húmedo y abierto a un palmo de su boca. Está claro que, además de los diez billetes de cincuenta euros del sobre, ella va a gratificarlo de una forma más íntima.
    
    Él la mira con sus ojos grises y soñadores como pidiendo permiso. Ella sonríe y asiente mientras desata el nudo de su salto de cama y muestra dos senos grandes, de aspecto grávido, blancos como la mesa y que emergen de un torso fuerte cubierto de pecas anaranjadas en el escote y los hombros. Mueve hacia delante las caderas por si al cincuentón le queda alguna duda.
    
    Él se quita las gafas, acerca su boca ansiosa y acaricia con los labios la mojada vagina, busca el clítoris y lo hace emerger con una vibración de su lengua. Ella se estremece levemente y empieza a acercar sus blancos pies al bulto que parece estar a punto de reventar dentro del pantalón mientras el caballero apresa con ansia las nalgas con las dos manos.
    
    Ella se deja caer de espaldas a la mesa y sus pechos se balancean ...
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