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Engracia divina
Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... me sorprendieron con una fuente enorme de patatas pochas con ajoaceite que podía haber sido suficiente para cuatro camioneros famélicos. Me entretuve picoteando y dando sorbitos al vermut. Y entonces apareció ella. Engracia entró al local con paso firme y vino directa hacia mí, seguida por un montón de miradas interesadas y libidinosas. Le eché unos cuarenta más menos cinco, pero era difícil precisarlo. Era una señora espectacular. Vestía con ropas llamativas, pero mucho menos que ella. Todo en esta mujer es grande; Los ojos, la boca, la melena rojiza, los pendientes de aro. Y también el busto, las caderas, los tacones,.. Noté que llevaba una capa de maquillaje que disimulaba sus pecas y dos líneas de rímel enmarcando sus ojos marrones claros. Tenía la boca pintada de un rojo vivo. Se sentó mirándome curiosa y descarada. Sonrió mostrando unos dientes tan grandes como el resto. Y al fin habló. Fuerte. Su voz era una cascada violenta, no un plácido torrente. ¿Tú eres Anejo, verdad? Me tendió la mano y se la estreché. Podía ser la mano de una masajista o una osteópata. Un apretón firme y amable a la vez. Al inclinarse, pude vislumbrar el canal profundo y oscuro de sus dos blancos y voluminosos senos. Sólo un momento. ¿Ya has pedido? Se interesó mientras desplegaba la servilleta. No, no. Era un aperitivo, pero ya sabes que aquí, las raciones… ¡Ja, ja! Su risa era estruendosa; Medio comedor la miró con desaprobación y el otro medio con lascivia. Comimos bien. ...
... Alubias con chorizo, codillo al horno,… Ella encargó los platos sin pedirme opinión. El vino lo dejó a criterio de la maitre. La buena mujer realizo un buen maridaje sirviendo un Rioja potente pero correcto. Por eso pareció aún más consternada cuando Engracia pidió una gaseosa para acompañar la botella de 50 eurillos. El postre fue igual de consistente y sencillo. Natillas con bizcocho y una copa de Pacharán. Con tanta tarea acumulada para nuestras mandíbulas, apenas pudimos hablar sobre el tema de la reunión, a saber, mis cuentos eróticos. No leo mucho, pero esa web me encanta, afirmó. Y tus relatos me llamaron la atención. Sobre todo los primeros, los de sado. Me hizo gracia que la chica se llamara como yo. ¿Por qué no has seguido con esa historia? La verdad, no supe qué contestar. No sabía cómo seguir. Es que el tema este me resulta difícil. Yo no he hecho nunca eso que explico, le aclaré un poco nervioso, por si se había formado un concepto falso de mis inclinaciones sexuales. Bueno, es igual. Yo no busco un especialista en sado. Si nos entendemos, tendrás que escribir de muchas cosas distintas. ¿Te parece bien el precio? Sí, sí. Por eso no hay problema. Yo no vivo de esto… ¿Ah, no? ¿Y de qué vives, si puede saberse? Le dio un tiento al Pacharán y me miró con esos enormes ojos marrones que Dios la ha dado. Doy clases, contesté evasivamente. En un colegio de monjas. ¡Ja, ja, ja! Hasta sus senos bailaron con su alegre carcajada que atrajo de nuevo la ...