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Engracia divina
Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... venerable hermana directora de la institución que me emplea tuviera noticia de mis aficiones porno – literarias, así que ruego discreción a los que deduzcan mi identidad a partir de los escasos datos personales que pienso dar en este relato auto – biográfico. A las siete de la mañana del día de autos, estaba un servidor en el hall de la Estación del Norte o de Campo-Grande, que de los dos modos se llama, de esta bella ciudad que es Valladolid, dispuesto a tomar el tren con destino a Zaragoza y la aventura que me esperaba. Soy un hombre poco interesado en el turismo y puedo asegurar que, sin el ofrecimiento de los 500 machacantes y el viaje gratuito, no me hubiera embarcado en esta historia ni harto de Ribera del Duero. En pleno mes de mayo elegí un modelo cómodo de pantalón y camisa campera, cazadora de cuero (de imitación, claro está) y zapatos deportivos. No soy un tipo muy alto ni conservo una línea perfecta, pero puedo resultar gallardo y resultón si me lo propongo. Me afeité y elegí las gafas modernas sin montura. En conjunto, no estaba del todo mal, considerando mis cincuenta y tantos años y mi incipiente calvicie, que disimulo con un estudiado peinado. Guardé en una maletita una muda y mi neceser, ya que los horarios de tren no permitían realizar el viaje de ida y vuelta en unos tiempos razonables en el mismo día. No esperaba que me sufragaran también la pensión u hostal, así que hice una búsqueda en la red para conocer las ofertas asequibles próximas a la ...
... estación. Dejé mi escueto equipaje en un armarito de la consigna dela estación y a las doce y cinco ya me paseaba por las calles aledañas al Ebro y a la Basílica, con aires de sabio distraído. ¿Y qué estaba yo imaginando que pasaría con mi desconocida contratadora? Pues no sabría decir. Como ya he indicado, no he sido capaz de retener a ninguna mujer a mi lado a largo plazo. A corto, quizás he retenido a demasiadas. Ahora ya espero muy poco del sexo real. Me he acostumbrado al virtual, literario, en imágenes, Skype, telefónico. A mi edad, con las hormonas en declive y la afectividad en la nevera, es lo mejor, creedme. De todos modos, una señora madura y adinerada, caprichosa y espléndida, podría resultar agradable de tratar. Y me da mucho morbo escribir sobre temas propuestos por mujeres, cualquiera que sea su motivación. Además, en Zaragoza se come muy bien, sobre todo por el tamaño de las raciones. Disfrute paseando por la ciudad hasta el restaurante de la cita. Estábamos acabando la primavera y el sol calentaba agradablemente la cara. Daban ganas de ser feliz, o de intentarlo. Entré y di el nombre de Engracia. No había llegado y la encargada del comedor me acompañó hasta una mesa para dos. Estaba en el centro mismo del salón principal. Me senté y pedí un Martini rojo. La clientela vestía elegantemente y hablaba en un tono de voz moderado, al menos para lo que suelen hacerlo los aragoneses. Se hacía tarde y yo tenía hambre. Pedí unas patatitas para picar y ...