1. Engracia divina


    Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... anfitriones se afanaron en atender a sus invitados como dos eficientes camareros. Engracia no pudo evitar mirar con ansia los alimentos.
    
    Yo por entonces era poco comedora, pero llevaba ya muchas horas sin hincar el diente a nada y las tripas me resonaban. Igual era de la lavativa… La mujer con el traje ceñido se levantó y cogió una rebanada de pan untada en la salsa de la carne.¡Toma bonita!, me dijo metiendo medio brazo por los barrotes, ¡come, perrita, vamos! La hubiera pateado, pero lo que hice fue acercar la mano para coger el cacho pan mojado.
    
    No, no perra mala, reconvino la mujer a la chica enjaulada retirando el brazo.Come de mi mano.Usaba un tono de voz propio de quien habla con un niño pequeño o una mascota.
    
    Era española, pero no de por aquí. Igual del norte o León o por ahí. Hablaba con un acento muy duro. Yo baje la mano y acerqué la boca. Me tragué el chusquillo en un plis plas y retrocedí. Ella no apartó la mano. Tenía los dedos manchados de la salsa.¡Vamos, gatita, ven a lamer la mano de tu ama…!La miré con cara de odio y no me moví un pelo.Muy mal, zorrita salvaje. Hay que empezar a enseñarte a obedecer.
    
    Con su mano libre, la dama gris rebuscó bajó la jaula. Se oyó el clic de un interruptor y la mujer hizo girar un regulador mirando con una expresión sádica en su boca a Engracia.Verás que pronto vienes a chuparme los dedos, bicho desagradecido.
    
    No sabía qué pasaba, pero pegué un brinco de cojones. ¡Me estaban electrocutando! Desnuda como iba me ...
    ... entró la corriente por el culo, por los pies… Me cogí a los barrotes para no tocar el suelo y la hija de puta apretó otro botón y me pegó un calambrazo en las manos que me tiró de nuevo al suelo. Empecé a bailar y a retorcerme hasta que grité que parara, se lo supliqué, lloré… Se pasó medio minuto viendo cómo me pasaba la corriente y yo me volvía loca dando alaridos. Al fin paró. Giró el botón y paró. Volvió a meter la mano sucia de grasa en la jaula.
    
    El bolígrafo no paraba de correr sobre el papel. Ya había escrito las diez páginas, pero no serían tantas cuando lo pasara al Word. Lo malo es que me estaba empezando a crecer la excitación, formando un bulto aparatoso bajo la sólida bragueta de mis vaqueros. Cambié la posición de mi erguido pene con todo el disimulo que pude. Si Engracia se daba cuenta de mi inoportuna erección, aquello iba a acabar mal. La miré con interés para distraer su atención de los movimientos de mi mano izquierda bajo la mesa. ¿Quieres tomar algo más? Preguntó ella. Negué con la cabeza. Pues entonces, nos vamos, dijo poniéndose en pie súbitamente. Espera un momentito que acabe la frase balbuceé concentrándome en reducir mi erección y no ser descubierto en mi viciosa actitud.
    
    Tras dos largos minutos de disimulo, Engracia hizo gestos de impaciencia y tuve que arriesgarme, con la verga aún bastante morcillona a levantarme y caminar a su lado hacia la balaustrada del Ebro. EL sol se ponía tras los edificios y el río brillaba magnificente.
    
    Vas a ...
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