1. Engracia divina


    Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... atención del público masculino. Eso está bien, hombre. ¡Un profesor calentorro! ¡Si se enteran las hermanitas…!
    
    No soy un salido, Engracia, aseguré muy serio. A mi edad ya no tengo energía para eso. Me gusta escribir sobre sexo. Me mantiene. Hace años vivía la sexualidad casi compulsivamente. Era muy activo, te lo aseguro. Pero ahora necesito mis cuentos para mantener mi libido en marcha.
    
    ¡Vamos, vamos! Ya será menos. ¿Quieres otra copa?
    
    No, gracias. Estoy a punto de sufrir una apoplejía, contesté. ¿Vamos al tema?
    
    Sí, hombre, sí. Trae dos cafés, majo, ordenó al joven camarero que no le quitaba ojo desde que entró por la puerta. Mira, yo no sé escribir. Es decir, sí que sé escribir un mail o un whatsapp, o hacer la lista de la compra, pero no sabría contar mis historias.
    
    Bueno, si puedes imaginarlas, eso ya se parece mucho a escribir. Le hice ver condescendiente.
    
    ¿Imaginar? ¿Qué dices? Yo no me lo imagino. Quiero que tú escribas lo que me ha pasado a mí. Todo es cierto. Real como la vida misma, que dicen.
    
    Me quedé perplejo ante aquella afirmación. No me esperaba algo así. Aquella hermosura de señora tenía una biografía sexual que contar y yo era el afortunado escriba destinado a realizar tarea tan apasionante. Y encima, cobrando.
    
    Pero creo que antes tenemos que probar si funciona. Mira, haremos esto. Hoy te contaré una cosa que me pasó a los diez y siete años. Es un cuento muy bueno. Tu toma notas, pregunta. Luego lo escribes. ¿Tienes ...
    ... ordenador?
    
    Pues no lo he traído. No pensaba que…
    
    Es igual. Compraremos una libreta. Escribes diez hojas y me las lees. Si me gusta, contratado. Si no, te pago los 500 y adiós. ¿Hace? Hablaba con la seguridad de una empresaria experimentada.
    
    Claro, Engracia. Me parece bien, pero no sé si lo podré hacer en una tarde…
    
    Bueno, el tiempo no importa. Yo tengo el finde libre. ¿Tú has de volverte a Valladolid hoy?
    
    No, había pensado dormir aquí, en un hotel o una pensión. Aquello empezaba a ponerme nervioso. Esta mujer estaba demasiado buena como para dejarme razonar en su presencia. Me sentía ridículo, un señor mayor en las garras de una gata caliente y altiva, que podía disponer de mí a su antojo.
    
    Ya veremos. ¿Te parece que nos vayamos a un sitio más tranquilo y empiezo a contarte?
    
    Salimos del restaurante, que ya se había quedado vacío y caminamos un rato por las cercanías del río. En un quiosco Engracia compró una libreta de cuadros y un bolígrafo punta fina. No había mucha gente paseando a aquella hora de la siesta y Engracia pudo empezar a contar su historia con cierta privacidad.
    
    A los diecisiete yo vivía aquí en Zaragoza, pero soy de La Rioja. A lo que iba, me eche un novio. Era un cabrón de cojones, eso ya lo sabía cuando me fui a vivir con él, pero a esa edad yo no razonaba mucho. Si me daba gusto en la cama, me llevaba de marcha y tenía costo y farlopa, yo era feliz.
    
    Engracia no era muy elocuente, ni tenía un vocabulario demasiado florido, pero su memoria era ...
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