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Un chiringuito como origen de placer
Fecha: 22/06/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: remyvelez, Fuente: CuentoRelatos
... quitaba el aliento y me hacía perder el control. No podía más, le lancé un escupitajo y jugueteé con mi saliva a lo largo de su tronco y en sus huevos. Sus gemidos arreciaron. - ¡Cómetela de una vez, coño! -me soltó entre dientes. Sin dudarlo me la metí tanto como pude y comencé a saborearla mientras mis manos aún tenían suficiente extensión de polla como para continuar masturbándola. Él me la metía hasta el tope y a veces la sacaba para darme fuertes pollazos en la cara que me dejaban pidiendo más. Incluso acompaña a los golpes con un salivazo que me restregaba con su polla por mi cara mientras yo jadeaba. Sentir ese nabo en mi cara y dentro de mi boca era una de las mejores experiencias de mi corta vida, y el ansía me enloqueció hasta pedirle lo que no me había atrevido hasta ese momento: - Fóllame... -fue realmente un susurro anhelante, pero me oyó claramente. Me miró un instante como asegurándose y me hizo poner de pie para girarme contra la pared. Sentí sus manos acariciando mi espalda y llegar a mis nalgas, que entreabrió agachándose. Noté a continuación su lengua que comenzó a invadir mi culo mientras yo apoyado en la pared con mis manos, lo ponía en pompa para facilitarle el acceso y sentirla lo más profundamente posible. Me vuelve loco que me coman el culo, me hace gemir a gritos, estremecerme y ponerme muy verraco. Él lo notaba además por cómo me movía retorciéndome de placer e intentando apretar aún más mi culo contra su lengua, así que lo hizo ...
... cada vez más intenso. Cuando consideró que estaba suficientemente dilatado, se irguió y apretando su pecho contra mi espalda pude sentir ese enorme monstruo entrar en mí. El inevitable dolor inicial me paralizó al principio, pero la excitación me podía, por lo que empecé a culear en círculos para sentirla más y más y poco a poco el placer se intensificó. Ignoro cuanta longitud de carne me pudo meter, todo era imposible. Yo me sentía lleno, empalado por un tío mayor que me aplastaba contra la pared y cuyo aliento sentía en mi cuello, pudiendo percibir sus gruñidos de placer. Cogiéndome las caderas fue incrementando el ritmo, acompasado por mis jadeos y mis murmullos animándolo: - ¡Así, así... Más, no pares...! No había sentido nunca una polla tan enorme dentro de mí, el control que ese tío podía ejercer sobre mí solo por la tremenda follada que me estaba dando. Hubiera hecho cualquier cosa porque no parara de metérmela, de hacerme sentir pleno, de estimular mi placer hasta muy cerca del umbral del dolor, haciéndome estar en éxtasis, con los ojos firmemente apretados y concentrado en mi culo. Cuando creí que no podría disfrutar más, paró, me giró de golpe y con sus brazos me subió en volandas para empezar a besarme en el cuello y morderme con relativa fuerzas. Colocó mis piernas en torno a su cintura, manejándome como un muñeco y yo jodidamente encantado de estar así de subyugado. Él era un tío mayor y fuerte, y yo su juguete sexual, estaba para darle placer y ...