1. LA HISTORIA DE ALICIA


    Fecha: 23/06/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: iccs, Fuente: SexoSinTabues

    ... madre para ponérmela, es lo que me producía el insomnio. Pero no debía preocuparme más por ello. La solución es bastante sencilla -dijo-: si reanudaba la toma diaria de la dosis de ginebra que necesitaba volvería a dormir toda la noche de un tirón. Me indicó cuál era la copita que tenía que utilizar para añadir la ginebra a la leche, llenándola por la mitad. Si lo haces bien, verás cómo duermes plácidamente. La ginebra era lo que ella denominaba, coloquialmente, las “vitaminas para el sueño”. Me advirtió que como me había hecho bastante mayor, -estaba muy desarrollada para mi edad y hacía un año que tenía la regla-, a lo mejor esa dosis ya no era suficiente. Si tomándola de nuevo seguía teniendo dificultades para conciliar el sueño, podía aumentar la dosis un poquito, hasta llegar a encontrar la cantidad precisa para que me hiciera el efecto deseado. Así lo hice y nos estabilizamos un poco en esa situación. Mi madre caía muy bien a los clientes del bar, porque no hacía ascos a cumplir con cualquier clase de práctica sexual que le propusieran, y el dueño estaba muy contento con los ingresos extras que la presencia de mi madre le reportaba. La vivienda que nos había cedido era un pequeño adosado, con un par de habitaciones, amueblado de forma muy sencilla; sin ningún lujo. Estaba ubicado en una zona en la que la casi totalidad de las viviendas eran utilizadas como segunda residencia; había muy pocas habitadas fuera de la época estival, puentes o algún fin de semana. No tenía ...
    ... teléfono, para evitar que las chicas que en ocasiones se alojaban en él hiciesen un gasto excesivo, de forma que yo tenía que valerme de un móvil para comunicarme con mi madre. Cuando necesitaba algo enviaba un sms a su móvil y ella me llamaba en cuanto podía. Me aleccionó debidamente para que pudiera quedarme sola en casa: no debía hacer demasiado ruido y antes de salir a la calle debía asegurarme que no hubiera gente cerca. No convenía que me vieran casi siempre sola, para que no pensasen que estaba mal atendida. Cuando mi madre calculaba que se me iba a terminar la comida preparada que me enviaba, o yo se lo pedía, me avisaba por teléfono de que iban a venir del bar a llevarme algo más reciente, al tiempo que la chica que venía aprovechaba para poner alguna lavadora y cosas así. Una vez lavada la ropa yo me ocupaba de tenderla. Mi madre, prácticamente, vivía en el bar. Para ella resultaba más cómodo, así que yo no tuve otro remedio que aprender a valerme por mí misma. SEPTIEMBRE 2010 Empecé el primer curso de la enseñanza secundaria obligatoria (ESO), en un Instituto de la localidad en la que vivía, e inicié una nueva rutina: al levantarme me preparaba el desayuno y me marchaba a clase; volvía a casa a comer lo que me calentaba en el microondas y luego regresaba al instituto. A la vuelta a casa hacía los deberes, cenaba algo ligero y me disponía a dormir, después de ver algo en la tele. Fueron unos meses en los que, prácticamente, me acostumbré a vivir sola. Durante esas ...
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