1. LA HISTORIA DE ALICIA


    Fecha: 23/06/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: iccs, Fuente: SexoSinTabues

    ... primeras semanas comprobé que, efectivamente, el sistema de poner la media copita de ginebra en la leche funcionaba, pero la tentación la tenía muy cerca: estaba siempre sola y disponía de bastantes botellas de ginebra. La curiosidad por experimentar qué es lo que sentiría si bebía la ginebra sola, en lugar de mezclada con la leche, era muy grande y difícil de vencer. Además, si me “pasaba” un poco en la dosis no habría testigos que me abroncaran. Me venían a la mente muchas de las continuas borracheras de mi madre, en compañía de Ginés y de sus amigotes, y lo bien que parecía que ella se lo pasaba cuando estaba bien borracha. Así que un buen día me decidí: probé a beber la ginebra sola, prescindiendo de la leche. Me supo algo amarga, pero me la tragué sin dificultad. Durante un par de semanas continué con la práctica que había iniciado, sin decirle nada de ello a mi madre. Me costaba un poco más dormirme, pero no era importante. Parece ser que la leche también actuaba como relajante. Lo que no sabía entonces es que el consumo diario iba habituando mi organismo a los efectos de la bebida y, contando además con que me había seguido desarrollando y aumentado mi volumen corporal y peso, el alcohol que ingería se diluía en un mayor volumen de sangre y tenía un menor efecto para lo que pretendía: que me adormeciera. El insomnio y la inquietud no tardaron mucho en reaparecer. Así que puse en práctica un principio matemático bien conocido: para mantener el mismo nivel de relación ...
    ... en una mezcla de dos fluidos, hay que compensar el mayor volumen de uno de ellos con un incremento proporcional del otro, para que su relación entre ambos siga siendo idéntica; ergo: si mi cuerpo es ahora mayor que cuando era una niña, tiene más peso y la cantidad de sangre también ha crecido, debería aumentar proporcionalmente la cantidad de ginebra que ingería, para mantener esa relación estable. En consecuencia: decidí que no tenía otro remedio que no fuera incrementar algo mi dosis diaria de ginebra. Calculando que pesaría, más o menos, un 50% más que lo que pesaba cuando era una cría, debería pasar a tomar tres cuartas partes de copa, en vez de la media que hasta ahora venía bebiendo. Para redondearlo y asegurarme que no fallaría en el cálculo, decidí que mi ración fuera de una copita. El resultado no se hizo esperar: esa noche dormí como si fuera una marmota hibernando: completamente tranquila y muy sosegada. Y así seguí todas las noches. Satisfecha con el éxito, establecí como básica la ración de una copita diaria, con alguna excepción, que contaré más adelante. Algunos días despertaba con un ligero dolor de cabeza, pero se me pasaba enseguida. Cuando estaba para agotárseme la provisión de ginebra enviaba un escueto mensaje a mi madre: “mándame vitaminas”. Ella se encargaba de que me llegaran algunas botellas. Durante casi un año ese sistema me fue de maravilla y acabé tomándole un gusto algo desmedido a la ginebra. Digo desmedido, porque lo que empezó siendo una copita ...
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