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LA HISTORIA DE ALICIA
Fecha: 23/06/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: iccs, Fuente: SexoSinTabues
... porque cuando el tío te jodió te dejé la botella y no paraste de beber hasta que te desmayaste. Hice promesa de portarme mejor y mi madre se despidió de mí. El trabajo me reclama, dijo, al tiempo que me dejó sola otra vez. Tras este paréntesis, porque eso fue en el contexto de mi verdadera historia, retomo su narración. * * * * * Decidí olvidar el “incidente” y me volqué en preparar bien los pocos exámenes que me quedaban, a fin de sacar las mejores notas posibles. Mi relación con los compañeros de clase era muy superficial; diría que solo lo más imprescindible, ya que para evitar comentarios sobre la ausencia de mi madre en las diferentes reuniones de padres –no era la única que faltaba, ni mucho menos-, no quise tener una amistad profunda con ningún compañero/a del Instituto. Casi todos me consideran una tía bastante “borde” y antipática, sobre todo por parte de Elena y su grupo, pero eso no me importaba en absoluto; pasaba abiertamente de ellos. Por encima de todo quería preservar mi intimidad e independencia. Como desde mediados de Mayo las clases en el Instituto se limitaban a la mañana, teniendo las tardes absolutamente libres, comencé a pasarlas mayormente en la playa. Siempre llevaba conmigo una botellita de agua mineral, de medio litro, en la que añadía un par de copitas de ginebra. Me la solía beber ...
... mientras tomaba el sol y nadie se daba cuenta, porque a nadie le extrañaba que bebiera de una botella cuyo contenido parecía que era agua. Allí inicié una relación muy superficial con un hombre maduro, de trato muy agradable: nos ocupábamos de la ropa del otro cuando se estaba bañando. Pero nuestra conversación no pasaba de convencionalismos. El incremento de mi consumo de ginebra llevaba aparejado una menor duración de las provisiones, haciendo que mi petición de reposición fuera cada vez más frecuente. A todo eso mi madre se hacía la loca, como si nada de eso fuera con ella. Siempre respondía a mi solicitud de “vitaminas”, con el envío de una abundante provisión de botellas. Nunca me preguntó qué hacía con ellas, ni cuanto bebía cada día, por lo que supuse que daba por bueno que yo pudiera beber más de lo aconsejable para una cría de mi edad y que tendría muy en cuenta sus consejos de la noche de “marras”. Pronto comenzaría el verano. Aún no había cumplido trece años y mi cuerpo seguía con su proceso natural de evolución: aumento de volumen en los senos, aparición del vello púbico y formación de las caderas y glúteos, bien delimitados. Así que poco antes del iniciarse el verano del 2011, sucedió lo que se iba a convertir en el auténtico inicio de una vida sumida en el más absoluto y total desenfreno. Continuará…