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Por favor, súbeme la cremallera
Fecha: 26/06/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
Todo ocurrió inopinadamente, un «por favor, súbeme la cremallera» fue suficiente para entablar un diálogo, no tanto para hacernos amigos, pero ocurrieron ciertas cosas, de las cuales voy a narrar alguna de ellas. Me encontraba en el taller de mi padre, un lugar de reparación de autos, cambios de aceite, engrasamientos, incluso al lado tiene el salón exposición y venta de coches. A este último lugar solo voy cuando me entero de una novedad, un coche nuevo que ha llegado o algo extraordinario. Pero al taller voy más veces porque mi padre se maneja más por allí conversando con sus clientes. Las oficinas en la parte alta tienen una cristalera desde donde se ve toda la nave. Tiene cuatro mesas de oficina y una habitación cerrada donde se queda mi padre en algunas ocasiones en que todo se retrasa. Aprovecha para pedirme que le lleve la cena desde casa cuando prevé que no va a poder salir. Entonces aprovecho para pasar el tiempo con él, y muy ocasionalmente le ayudo en algo. Uno de esos días, después de irse todos los empleados, se quedó mi padre porque un coche daba muchos problemas y con gente interrumpiendo continuamente no localizaba la avería, así que decidió llamarme para pedirme que le llevara la cena, previamente había avisado a mi madre. Como me gusta ir al taller, no soy en eso perezoso, me monto en la bicicleta, cargo con algunos libros, sobre todo si al día siguiente hay clases en la Uni y pernocto en la habitación de mi padre, si se me hace tarde. Cuando mi ...
... padre acaba, viene, se acuesta un rato, descansa y me despierta a la hora de ir a la universidad. Todo esto se hace, más que habitual, normal. Se cierran las puertas que son de cristal pero están las luces encendidas. No hay ningún problema porque, al ser zona industrial, hay varios vigilantes que merodean y mi padre se lleva muy bien con ellos. Un día me hallaba sentado frente a mi padre observando su trabajo, ya que es minucioso, no se enfada, no se cabrea, va buscando cable a cable, pieza a pieza, no se fía de las máquinas, quiere comprobarlo manualmente todo y pasan las horas de trabajo minucioso y, por mi parte, de contemplación de un trabajo bien hecho que ni por horas se lo pagarán jamás, por eso el taller está en auge y a veces desbordado. Estando contemplando el trabajo de mi padre, llega un chico aproximadamente de mi edad pidiendo ayuda porque se le ha quedado el coche parado un kilómetro más o menos fuera del recinto industrial donde tenemos el taller. Cuando la gente no sabe nada de coches siempre se asusta cuando no va bien. Mi padre me miró, entendí que fuera con el chico a ver qué pasaba. Cargué con una caja de herramientas de auxilio, y me fui con la bicicleta y el chico cargado detrás. Me costó un poco porque habitualmente siempre voy solo, pero la distancia no era muy larga. Miré todo y me pareció que podía hacer arrancar el coche, al menos para llevarlo hasta el taller. Para no entretenerme no cuento el desastre que hice, pero el coche llegó al ...