1. Un profesor, una alumna y un colegio católico – Parte 7


    Fecha: 02/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues

    ... Ama?… - Veinte, Amo… es más que mi Señora… pero le suplico no más de veinte, Amo, por favor… - Bien, Micaela… que sean veinte entonces… Cecilia acomodó la silla y la dispuso en la acostumbrada posición. Esposas de cuero en ambos tobillos, ancladas a las patas traseras. Cuerpo flexionado hacia delante por su cintura, con su abdomen apoyado en el respaldo. Muñecas esposadas a las patas delanteras. Sus nalgas indefensas y expuestas hacia arriba esperando las descargas de mi cinto. Sus pechos colgando por delante del asiento de la silla. Tensamente amarrada, sugestivamente exhibida, indefectiblemente vulnerable, Micaela era un exquisito bocado que prometía saciar los más perversos apetitos. Muchos consideran innecesariamente salvaje esta faceta del juego, pero créanme, una perra como Micaela necesita de vez en cuando, toparse con alguien que la trate así. Les trastoca unos cuantos esquemas. Las arrastra a la realidad y en ocasiones aprenden a disfrutarlo. Cecilia abrió la caja de juguetes que yo le había dado y extrajo un fino y largo cordel blanco y un total de veinte pinzas de colgar ropa. Una por cada azote que Micaela iba a recibir. Cada una atrapaba también al cordel, de modo que éste las unía a todas. Al descargar mi primer cinto sobre sus nalgas se contorsionó bruscamente pero la tensión de sus amarres no le dejaba mucha libertad de movimiento. - ¡Uno! -contó Micaela, acusando el dolor, mientras Cecilia le aplicaba una pinza en uno de sus pechos, pellizcándolo- - ¡Dos!… - ...
    ... ¡Ay!… -¡Tres!… Cada vez que Micaela recibía un azote, Cecilia añadía una pinza en ese mismo pecho, hasta llegar al décimo, en que la pinza fue directamente sobre su pezón. Los bellos ojos celestes no paraban de segregar lágrimas que surcaban su hermoso rostro. Para el undécimo azote, Cecilia añadió una nueva pinza, pero ahora en el otro pecho. De gimoteos a sollozos, de sollozos a pesado llanto, Micaela transitó su primer castigo con excitante hidalguía. El tormento de las pinzas no era menos importante que el del cinturón. Si bien éste le dolía en el momento del impacto, las pinzas, aunque menos dolorosas, marcaban una presión constante una vez que se prendían a su cuerpo. Con el vigésimo azote, Cecilia colocó la última pinza en el otro pezón de Micaela, con lo cual tenía diez pinzas en cada seno, todas unidas por el cordel. Una vez liberada de sus amarres y erguida, como es lógico su primer impulso fue masajear sus nalgas, buscando un alivio, pero yo detuve sus manos y las levanté por sobre su cabeza, sosteniéndolas por ambas muñecas juntas. Las pinzas continuaban prendidas a sus hermosos pechos, presionando distintas zonas de los mismos y unidas por el cordel. Parada frente a ella, Cecilia unió ambos extremos del cordel tomándolos con una mano y ambas se miraron fijamente. Los ojos de Micaela denunciaban temor… los de Cecilia brillaban de excitación. Aprisionó los extremos del cordel cerrando el puño, levantó lentamente su mano, seguida atentamente por la mirada aterrada ...
«12...6789»