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Un profesor, una alumna y un colegio católico – Parte 7
Fecha: 02/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues
... de Micaela y de un rápido tirón hacia abajo, le arrancó las veinte pinzas. - Ahhh! -gritó Micaela en medio de un rebrote de sus lágrimas- - Felicidades, sumisa… pasaste tu castigo. -respondió serenamente Cecilia- -Minutos después Cecilia le brindaba a Micaela la atención sanitaria usual después de un castigo. La desinfección, los bálsamos refrescantes y humectantes, pero además los masajes reparadores que en tantas ocasiones me había dado a mí. Me uní a ellas en la cama y me encontré con una más calmada Micaela, como si supiera que había superado una prueba de fuego que inevitablemente debía afrontar. Su rostro se serenó y la expresión de dulzura volvió a sus fulgurantes ojos, cuya belleza solo era opacada por la irresistible tentación de sus carnosos labios, que de inmediato comencé a besar. Yacía boca arriba sobre mi cama, abandonada a nuestros deseos, dispuesta a dejarse hacer a nuestro antojo. Cecilia masajeaba su sexo con sus suaves pechos, tal como lo hacía conmigo y yo ahogaba sus gemidos comiéndome su boca a besos. Nuestras lenguas no precisaron presentación. Se acariciaban como si se conocieran desde siempre. Recorrí su rostro, su cuello, sus hombros… todo en ella era puro deleite. Aún tenía sus esposas de cuero, las cuales anclé a los extremos de la cama. Cecilia hizo lo mismo con sus tobillos, dejando a Micaela tendida en posición de X. Un vendaje sobre sus ojos la apartó del mundo de las sensaciones visuales, mientras mi boca descontrolada y ardiente recorría su ...
... cuerpo, sumiéndola en el mundo de las sensaciones táctiles. Cecilia se ocupó de encender las velas y apagar la horrenda luz eléctrica, que en mi opinión le quita un gran porcentaje de encanto a la belleza del cuerpo femenino. Luego se unió a nosotros, tendiéndose a la izquierda de Micaela. Yo estaba a su derecha. Ambos besábamos suavemente su rostro, dejando resbalar nuestra lengua por la comisura de sus labios, para que ella nos buscara a tientas. Mi mano derecha acariciaba y aceleraba la excitación de su sexo, que no tardó en volver a humedecerse. Cecilia lamía sus pechos, mordisqueaba sus pezones, exaltaba sus gemidos. Cuando el cuerpo de Micaela se convirtió en un salvaje enjambre sexual, salté para tomar posición entre sus piernas y colocarme un condón. Cecilia liberó los anclajes de sus tobillos, de modo que cuando la penetré bruscamente llegando a lo más profundo de su interior, ella soltó un grito de placer, un ronco bramido acompañado de un rápido movimiento de sus piernas que rodeando mi cintura, me atrapaban y me empujaban hacia ella. Le quité la venda para deleitarme con el incomparable espectáculo de sus ojos celestes, que decían que sí, que me pedían más, que se entregaban a mi sexo desbocado y que ya no podía contener por más tiempo un orgasmo que la hizo estallar bajo mi cuerpo, quizás como nunca antes lo había experimentado. Me salí de ella y mientras Cecilia liberaba sus muñecas y la ayudaba a incorporarse, yo me quité el preservativo, tomé a Micaela jalando ...