1. Anita de tus deseos (capitulo 4)


    Fecha: 22/07/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos

    ... hija. Ahora me vas a descargar que llevó toda la mañana pensando en tu boca, y después de ducharme te aplicaré el castigo: será doloroso.
    
    —Sí papá.
    
    —Pues empieza, —me arrodillé, le abrí la bragueta, le saqué la polla, la introduje en la boca y comencé a chupar. Cómo sé que le gusta, intentaba metérmela hasta el fondo y casi lo conseguía a pesar de tener un par de arcadas. Fue rápido: en tres o cuatro minutos se corrió llenándome la boca de semen.
    
    —No te lo tragues: mantenlo en la boca, —ordenó. Se arrodilló, me agarró por el pelo y tiró de la cabeza hacia atrás. Yo permanecía con la boca abierta y llena de semen. Metió el dedo y complacido estuvo revolviendo la mezcla de semen y saliva. Cada vez estaba más cachonda. Acercó su cara a la mía y pensé que me iba a besar, pero lo que hizo fue escupir en su interior. Volvió a remover con el dedo y me ordenó—: trágatelo.
    
    Le obedecí sin rechistar. Tiró de mi pelo y me obligó a tumbarme en la alfombra.
    
    —No te muevas de ahí y no te toques.
    
    —Sí papá, —se levantó y subió al baño a ducharse. Parecía que me leía la mente. Me quedé tumbada en el suelo con unas ganas terribles de tocarme el chocho.
    
    Al cabo de un rato bajó por las escaleras con la parsimonia y la arrogancia de quien controla la situación y se siente superior. Desde el suelo le vi bajar y una punzada de placer que atravesó el chocho. Poderosa, su polla se balanceaba levemente de un lado a otro y la idea de que me azotara la cara con ella hizo que mi deseo ...
    ... se disparara y encogiera las piernas.
    
    —¿En qué estás pensando? —preguntó al darse cuenta.
    
    —En que me azotabas la cara con la polla, —se inclinó, con la mano izquierda me agarró del pelo y me incorporó poniéndome de rodillas. Se agarró la polla con la derecha y comenzó a golpearme la cara con ella. Sentí un placer enorme y noté cómo los jugos de mi vagina resbalaban por la cara interior de los muslos. Instintivamente mi mano se alojó en la entrepierna.
    
    —¡Te he dicho que no te toques! Las manos a la espalda, ­—ordenó gritando y le obedecí inmediatamente. El deseo me poseía y anhelaba poder tocarme el chocho. «¿Será posible que me corra solo con los pollazos que me está dando en la cara?» Pensé y una punzada de placer me recorrió el cuerpo e hizo que retrajera la pelvis. Siguió un poco más y entonces, tirándome del pelo me llevó de rodillas hasta el sillón. Me puso la cabeza sobre el asiento, sacó un rollo de cinta de adhesiva negra de la caja de los juguetes y dándome palmadas en los muslos me hizo separar mucho las piernas. Seguía con las manos en la espalda—. ¡Agárrate los codos con las manos!
    
    Cuándo lo hice, con la cinta me sujetó los antebrazos uno con otro y estos quedaron paralelos cruzándome la espalda. Me pasó la mano por el chocho y vio que estaba totalmente encharcado. Volvió a cogerme del pelo y me apretó contra el sillón mientras con la otra mano me cogía con dos dedos el clítoris y empezaba a retorcerlo. Intenté cerrar las piernas, pero él había puesto ...
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