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Juegos Peligrosos. Capítulo # 3
Fecha: 16/08/2020, Categorías: Gays Autor: junior, Fuente: RelatosEróticos
... regresar a la idea principal de que todo es un juego. Y yo no sabía cuán peligroso podría ser. Nos aseguramos de que no hubiese nadie observándonos, para poder entrar a la casa debíamos probar con 15 o 20 llaves. El tiempo se nos hizo infinito, y mis temores crecían con cada segundo. Me sorprendía la rapidez con la que Rodrigo pasaba las llaves descartadas. Mientras que yo lo apuraba, él me tranquilizaba con sus sonrisas. ¡Dios, esas sonrisas y esas miradas! Me calmaban de inmediato. La cerradura hizo clic y la puerta trasera que daba al estacionamiento, se abrió. Entramos inmediatamente, tropezando unos con otros y cerramos nuevamente la puerta. Para que la llave no se le perdiera la sacó del llavero y la guardó en su bolcillo de su jeans azul oscuro. —Estás loco Rodrigo. ¿Y si tu tía te busca? —Tranquilo, que yo le dije que tú me acompañarías a la casa de Peter y luego a la casa de otros amigos que quería visitar. —Pero mi mamá no lo sabe. —Farfullé preocupado y queriendo salir de la casa. Pero la puerta ya estaba cerrada. Él me tomó por el brazo y me obligó a que lo mirara. —¡Max, cálmate! —Lo miré enojado. Me molestaba que él fuera tan impulsivo—. A mi tía le quité el número de tu mamá, y mientras sacabas la llave le envié un mensaje a tu mamá haciéndome pasar por ti y diciéndole que me acompañarías a la casa de unos amigos. —Dijo, sacando su teléfono y mostrándome la respuesta de mi mamá. >>Sí bebé. Cuídate mucho. ¡Wow! Él me sorprendía ...
... mucho. Después de verificar si ése mensaje vino de su teléfono, me quedé más tranquilo. Bueno… no por mucho al darme cuenta que estaba en la casa de la muerta me intranquilicé más. —Ya entramos en la casa de la muerta. Él me miró con su semblante fruncido. —¿No me digas que crees en fantasmas? Ver como había reaccionado ante mi injustificado temor, me hizo retractar inmediatamente, y también me dio fuerzas para ser más valiente. —Max… no se les teme a los muertos. Pero quiénes sí te pueden convertir en uno, son los que aún viven. Era definitivo. Éste año. Rodrigo había cambiado un poco. Su conducta era más seria. Recuerdo que en ésos momentos me encantaba jugar con mis amigos. Él no jugaba. Solo se sentaba a ver y de vez en cuando reía. Era muy extraño. Yo asentí tímidamente y traté de calmar mis nervios. ¡Pero por Dios! Aún conservaba algo de inocencia y los muertos, zombis, fantasmas y chucky aún me atemorizaban. Entramos a la sala y todo estaba cubierto por sábanas blanquecinas. En la casa no se escuchaba absolutamente nada. Todo estaba aterradoramente en silencio. Rodrigo caminó hacia la nevera y la abrió. Dejándome a mitad de la sala. —Cálmate Máximo, no va a pasar nada— decía para mis adentros. De pronto, algo me llamó la atención. De tras de mí toda una pared estaba cubierta por una enorme estantería repleta de libros. —¡Oh! — Exclamé. Había llegado al cielo. Soy adicto a los libros. Después del sexo, dormir, comer e ir al baño para hacer del 2. ...