1. Juegos Peligrosos. Capítulo # 3


    Fecha: 16/08/2020, Categorías: Gays Autor: junior, Fuente: RelatosEróticos

    ... Caracas. Se llamaba Mónica. Yo también le conté de mi relación con Mariana.
    
    —¡Quisiera conocer la mujer que conquistó el corazón de mi amigo! —Dijo, cuando estábamos ambos en el sofá, al cual le quitamos la sábana y descubrimos que era un hermoso sofá de cuero marrón, que combinaba con los paneles de caoba en las paredes y el piso. Yo estaba sentado con los brazos alzados al espaldar y Rodrigo estaba acostado, con su cabeza posada sobre mi regazo.
    
    Hablamos de cosas simples. Nada que tuviese importancia. Él me contó algo de su trabajo. Era algo así como repartidor.
    
    Me contó que su abuelo lo estaba enseñando a manejar y que ya sabía bastante. No pude dejar de sentir algo de envidia, yo también quería aprender, pero con mi padre es imposible, porque me golpeaba cuando no hacía lo que él decía.
    
    Yo habría querido que él me contara algo más personal, así podría averiguar cuál es el misterio que siempre lleva encima. Pero era muy perspicaz. Y no se le escapaba nada. En casi media hora, solo habíamos hablado de cosas insignificantes. Y casi la mayor parte del tiempo lo había hecho yo.
    
    De pronto, me sentí aburrido y eché mi cabeza hacia atrás, fue cuando sentí como apretaban con fuerza mi entrepierna. Fue electrizante, y casi de un modo inmediato ya tenía una erección.
    
    Yo quitaba su mano de allí, él ni siquiera me miraba a la cara, parecía que lo hacía por juego. Pero no lo era. Él sé quería tocarme, y no solo eso, sino que también me masajeaba el entrepierna. ...
    ... Parecía que estaba jugando con plastilina. Yo llevaba puesto una bermuda blanca. En un momento deslizó su mano por mi pierna y rápidamente llegó al interior. Estaba excitado, él también lo estaba, podía verlo a distancia. Sacó mi pene por un lado del interior y comenzó a masajearlo más y más. Ya yo me había dado por vencido. No podía seguir luchado con él, y además… era bastante fuerte. Fácilmente pude haber dicho que eso fue una violación. Pero yo también contribuí.
    
    Lo levanté del sofá y le arrebaté con desespero su franela gris. Tocaba su cuerpo como si estuviese agarrando oro. Por un segundo nuestras frentes hicieron contacto, mientras procuraba quitarle la correa del pantalón. Quería besarlo era lo que más quería. Pero otra vez esta esa maldita fuerza que me decía… aún no lo beses. Su mirada en mí, cuando sabe que lo estoy tocando es profunda y penetrante. Esos ojos son indomables. No nos besamos, nos miramos por unos segundos. Él me quitó con brusquedad mi franela, y casi de inmediato comenzó a pasar su lengua por mis tetillas. Yo solo resoplaba de placer. Luego pasó a mi cuello. Y entre resoplidos me dijo.
    
    —¡Te voy a comer! —
    
    Yo reí pícaramente y jadeante. Mi corazón estaba a mil por hora.
    
    (Hoy en día he descubierto que cuando tenemos intimidad es bueno añadir estas frases, ya que son muy excitantes) Volviendo a la narración…
    
    Ya yo había logrado quitar el cinturón y lo arrojé a un lugar. No ni siquiera vi donde cayó. No estaba pendiente de eso. Ambos nos ...
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