-
Pablo y Mariano follando con Fernando
Fecha: 24/08/2020, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
Era una fiesta de familia. Nos íbamos a reunir todos los hijos y nietos de mis abuelos para pasar el día. Algunos, como mis padres, mis hermanos y yo, ya llevábamos como una semana allí con mis abuelos y nos faltaban para irnos como otras dos, en definitiva casi el mes entero, que es lo que hacemos todos los años. A mi madre, que era la nuera, le gustaba ir a casa de mis abuelos. Ella no cocinaba nunca, no lavaba ropa, porque entre mi abuela y su hermana, mi tía abuela, lo hacían todo. Es verdad que no ensuciábamos mucha ropa, porque íbamos medio desnudos, yo usaba todo el día speedos, y tenía alguno de 1.5 cm de lateral. Siempre había sido así desde pequeños, solo el día que refrescaba me ponía una camiseta, no más, porque siempre hacía calor. Mi madre es, a decir de la abuela y su hermana, la mejor nuera que tenían porque les hacía mucha compañía, pero el ahorro familiar de dos adultos y tres jóvenes era considerable, todo iba a costas de mi abuelo. Yo cumplo años en enero, pero a la casa de mis abuelos íbamos en julio, así que ese año en que yo había cumplido 18 años, mi paquete ya estaba pronunciado bajo el speedos, pero ya estaban todos acostumbrados. Además mis hermanos Joaquín y Manuelito iban también como yo, Joaquín era un año y un mes menor que yo y Manuelito era de tres y medio menor que yo, de modo que decía que él no era Manuelito sino Manuel. Fui su defensor y ese verano ya le llamábamos Manuel, igual que yo era Pablo y no Pablito como cuando ...
... era más pequeño. Al que no le cambiaron nunca el nombre fue a Joaquín, quizá porque ya acababa en chiquitín. Quiso llamarse Ximo, pero no tuvo éxito y desistió. Como en la casa de mis abuelos había mucho campo y pocas de camas, todos no venían, lo hacíamos nosotros porque mi padre era el mayor de los hermanos y al parecer iba a ser el heredero de esa finca. Pero también porque en mi cama cabían tres más y eso a mí me gustaba nadie sabe cuánto. Pero había un día en el que todos venían, algunos venían la víspera, otros se iban al día siguiente y nos arreglábamos con las camas, porque a veces nos acostábamos tres en cada cama para hacer ese favor. Así había sido siempre. Ese día en que venían todos, consistía en un desayuno pantagruélico que se continuaba con la comida. Todo era bajo el parral enfrente de la casa. Éramos 28 personas, entre los abuelos, los tíos y los primos. Tenía más primas que primos y algunas eran mayores, por esa razón mi madre me mandó cambiarme poco antes de que comenzaran a llegar y desde la víspera ya iba con pantalón corto, aunque sin camisa. Tenía shorts de todos los colores que solía ponerme solo para ir al pueblo. Mi tía abuela me dijo: «y para recibirlas te pones al menos una de esas camisetas tan indiscretas que tienes». Se refería a las de tirantes y muy escotadas. Cuando llegó mi tío Pancracio con su mujer, tía Luisa, y su hija, mi prima Lucía, al que nos saludamos me dijo: —Te queda bien esa camiseta es más sexy que si fueras ...