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Pablo y Mariano follando con Fernando
Fecha: 24/08/2020, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... desnudo. Parece que el deseo de mi tía abuela se fue al desagüe, porque el resultado fue el contrario. No obstante no la desairé y ese día recibí a los que vinieron con tank tops puesto. Ya habíamos colocado las mesas, mi padre, mis hermanos y yo nos encargamos de hacerlo antes de que vinieran los primeros, entre todas las mesas hicimos una larga. Colocar las cosas correspondía a las mujeres mayores, la abuela, su hermana y las hijas y nueras, los demás teníamos que comer y exigir lo que queremos. Aunque sea fastidioso para las mujeres hasta yo me quejaba de que tardaron tanto y decía «ya tengo hambre», con lo fácil que era meterme dentro y decirle a la abuela que me diera algo y me lo daba, pero lo bueno era acalorar y dar prisa a las mujeres. ¿Cómo se llama eso? El más puro machismo ejercido por un cabronazo de 18 años, es decir, lo que abunda, pero era divertido y ellas aguantaban sumisas. Desde lo que se llama desayuno hasta la comida propiamente dicha había una tregua de comer, no porque no había comida sino porque los estómagos estaban llenos y tenían que vaciarse de alguna manera. Entonces iniciaba un juego tradicional, llamado “El escondite”. En este juego no se respetaban los cariños familiares. Comenzaba porque se elegían a dedo dos, el más tonto y el que le seguía. Entre ellos se tenían que apostar quien contaba detrás del árbol, mientras los demás se escondían. Comenzó a contar Indalecio, desde que tengo uso de razón comienza siempre el mismo. Todos nos ...
... escondimos donde podíamos. Yo me fui detrás de las mangueras de riego que había mucho follaje. Estando allí observaba dónde iba a esconderse mi prima Aurora que pasaba a pocos metros de mí buscando sitio. Si exceptuamos a los abuelos y unos pocos mayores, entre ellos mis padres y un tío mío y una tía mía, todos hermanos de mi padre, que se quedaban con el abuelo bebiendo cerveza o vino todo el rato, todos los demás debíamos ser unas 18 personas ese día jugando al escondite. Medía yo entonces 1,70 m, para mis 18 años no era muy alto, y mis 75 kg me hacían bien regordete, de modo que donde me escondí quedaba poco espacio y yo mismo estaba bien apretado. Yo fui gordito durante toda mi infancia, ahora me estaba arreglando porque estaba desarrollando una musculatura buena, con los pechos y los brazos bien marcados, pero lo que me destacaba era mi culo, que ya no pasaba desapercibido. El lugar era algo oscuro y estrecho, así que yo estaba pensando si tendría tiempo para correr y salvarme de allí en el momento en que sentí un movimiento. Alguien había descubierto mi escondite e intentaba alojarse allí también. — ¡Chiiiist!, — siseé a mi primo Mariano, mientras intentaba acomodarse en el poco espacio que teníamos. Mi primo Mariano vivía en el mismo pueblo, no lejos de la casa de los abuelos y conocía todos los secretos para esconderse. Con algunos movimientos se coló y se metió allí adentro; se quedó detrás de mí y pude sentir su polla rozar en mi culo. No me parece ...