-
Malena 12
Fecha: 31/10/2020, Categorías: Gays Autor: relator23, Fuente: CuentoRelatos
... causante de todo este estropicio, solo sonreía mirando por la ventanilla. Cuando subíamos en el ascensor que nos conducía a su habitación en el hotel, mi amiga se lanzó en sus brazos y restregaba su cuerpo contra el suyo; yo por mi parte, conservaba cierto grado de control sobre mi hipocresía -fruto de la costumbre de mujer citadina que había aprendido a no mostrar su verdadera naturaleza para cumplir con los cánones de la sociedad. Mis limitaciones -auto impuestas- me impedían entregarme completamente a la lucha por el semental, aunque, no hiciera nada para apartar la garra con la que mantenía aprisionada, con afanes de propietario, a mi atormentada concha a través del pantalón. Fue un viajecito corto de apenas dos pisos, pero la carga erótica que inundaba el ascensor casi nos asfixió en ese lapso. Apenas se cerró la puerta de la habitación dejándonos encerrados a todos en la madriguera de la bestia, la chica se lanzó a desvestirse y lo logró antes que yo pudiera despojarme de mi ajustado pantalón; él nos miraba sonriendo plácidamente mientras observaba la competencia entre nosotras para disfrutar de sus favores. En el fondo de mi consciencia sabía que estaba protagonizando un show que quizá nunca más presenciaría: yo y otra mujer, luchando para ser poseídas por él… un espantajo. La muchacha, que tenía un cuerpo delgado y bien distribuido -el cual escondía durante el día con sus pintas desfavorecedoras- acometió la tarea de desnudarlo y una vez logrado ...
... este hito -en tiempo record- lo tiró boca arriba sobre la cama. El hombre estaba con su antena, parada y transmitiendo, lista para nuestras receptoras. Al terminar de desvestirme traté de incorporarme a la competición por su apéndice; ella, me miró con cara de“sobre mi cadáver, vastú primero” y me apartó con un empellón. A pesar del deseo que me acuciaba por todos los lados de mi cuerpo, prevaleció mi ecuanimidad que me impidió pelear con ella por lo mío; además, ya se había montado encima suyo y comenzaba a empalarse viva y por su propia mano en el augusto tubérculo. Vi cómo su cara se transformaba desde una careta agresiva, a una mascarilla de mujer saturada de placer. Abrió la boca, cerró los ojos y se dejó llevar. Me dio envidia y rabia. Opté por sentarme sobre el colchón, desnuda y abierta de piernas, apuntando mi vulva en dirección suyo mientras me la tocaba y lo miraba incitadora, ofreciéndomele desvergonzadamente a ver si lograba convencerlo de que la dejara a ella y me lo hiciera a mí. Además no quería apartarme demasiado de la dulce sensación que emanaba del hombre sin hacerle caso a los empujones que la muchacha -de vez en cuando- me propinaba para apartar mi tentación del hombre. Él, al fin, extendió su brazo en mi dirección y alcanzó mi almeja, sumió uno de sus dedos allí y comenzó a masturbarme mirándome sonriente con ínfulas de propietario que te hace el favor de complacer tu ruego; mientras, la muchacha, acaballada, presa del frenesí de su ...