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El placer de la tormenta
Fecha: 02/11/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: rubyg, Fuente: CuentoRelatos
... su glande. Abrí la boca y me metí esa enorme polla hasta que chocó con mi garganta. -¡Yo también quiero!- Exclamó Dani. Se incorporó. Quise tumbarme, pero él me lo impidió, se puso también a cuatro patas, detrás de mí y empezó a jugar con mi culo. Hundía su cara entre mis nalgas, o me las mordía, o me daba una palmada, o lamía mis bragas allí donde estaban más mojadas. Con sus dientes agarró el elástico de mis braguitas y tiró hacia abajo. Dejó mis bragas en mis rodillas y se centró en lamerme el coño y en meterme dos o tres dedos. En aquella postura, su nariz presionaba contra mi ano. Cuando se cansó, me tumbó boca arriba y terminó de quitarme las braguitas. Las olió a conciencia antes de arrojarlas al suelo. Abrí mis piernas. -Ha llegado el evento principal de la noche- Dije entre risitas de excitación. -Vamos, entra. Se acercó a mí, con su mano dirigió su pene hacia mi entrada y empujó, pero no entró. Intentó otra vez y tampoco, sin embargo, en las dos ocasiones rozó mi clítoris tan fuerte que hizo reaccionar mis caderas. -Es tu primera vez, ¿no? Parecía avergonzado cuando asintió con la cabeza. Le besé para tranquilizarlo, le agarré la polla y la puse yo misma en mi agujero. -No te preocupes mi amor, nadie nace sabiendo y aquí estoy yo para enseñarte. Empuja ahora. -¡Aaaahhh!- Gimió -¡Es increíble! Tan caliente… tan húmedo… tan suave… ¡Se siente genial! -Lo sé, cielo, yo también me siento genial. Tu pene es tan grande y tan duro… y ahora ...
... ya puedes empezar a moverte. -¿Así? -Sí, así, primero despacio y luego más rápido. -¿Cuándo lo hago más rápido? -Tú sólo preocúpate por disfrutar. Sabrás cuando acelerar el ritmo. Hacía tanto tiempo que no me metía nada, y la polla de Dani era tan grande que cuando me abrió, el placer que sentí fue inmenso. Sus movimientos eran torpes, pero no me importaba, tenía una polla dentro y eso me hacía muy feliz. Poco después Dani aumento la velocidad de sus embestidas y empezó a sudar. Eso me excitó más aún. Mientras me follaba, mordía mi cuello y estrujaba mis tetas, y yo le apretaba el culo y le limpiaba el sudor de la frente con la lengua. Mis jadeos se convirtieron en gemidos y un orgasmo me inundó de placer. Noté como los espasmos que sacudieron mi vagina apretaban su polla, y entonces su semen se derramó, llenando mi interior. Le abracé con fuerza y le besé. Estuvimos así, jadeando, un buen rato, hasta que le sonaron las tripas. -¡La cena! Me había olvidado. Nos vestimos y bajamos a la cocina. Cenamos en silencio, mirándonos el uno al otro. Pensando en lo que acababa de ocurrir entre nosotros. Cuando acabamos, le invité a venir conmigo al salón, a ver la tele. -¿No podemos volver a la cama? -¿Ya quieres dormir? ¿No es un poco pronto? -No quiero dormir, quiero… hacerlo otra vez, ¿no podemos? -¿Podemos? ¿Tú puedes hacerlo otra vez? -¡Claro! Mientras cenábamos no pude evitar pensar en ello, y mira, está dura otra vez. -¡Increíble! Te has ...