1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... aprobado. Empleadas o secretarias que aceptan entregarse a clientes de la empresa o a sus propios jefes para medrar. Chicas del servicio doméstico que no rechazan el uso de su cuerpo por parte de sus empleadores domésticos. Un sinfín de situaciones. Yo no lo veo mal. No me parece que por ello pierda ninguna su propia dignidad, ni su honradez o decoro, ni son inmorales. Son personas realistas simplemente y están abiertas a disfrutar de la vida sin prejuicios.
    
    —La verdad es que yo tampoco lo veo mal.
    
    —Pues eso... Fíjate, sólo en Madrid he leído que existen más de 10.000 putas "oficiales", y 500.000 en toda España. O sea, el 3 % de las mujeres que están en edad de poder ejercer de putas. Y según una encuesta sociológica sobre Hábitos y Costumbres, calculan que unas ciento ochenta mil madrileñas intercambian con cierta frecuencia favores sexuales por beneficios materiales. La diferencia es que éstas no tienen dedicación exclusiva como las putas de profesión. Pero, fíjate, en esta ciudad, una de cada diez mujeres!: si se lo propones en el momento adecuado, a cambio de lo que necesita, se deja desnudar y se te abre de piernas. Y son nuestras vecinas, nuestras compañeras de trabajo, la chica de al lado en el autobús...
    
    —Y tú, dime, ¿has estado alguna vez con putas?
    
    —Sí. Cuatro o cinco veces. Cuando ya no podía más.
    
    —Tengo mucha curiosidad. ¿Cómo lo hacías?
    
    —Bueno, yo no iba por la calle buscando... Leía las ofertas en un periódico y llamaba a la que me ...
    ... parecía.
    
    —Y ¿qué ocurría luego?
    
    —A la hora o así de la llamada de teléfono se presenta en casa.
    
    —¿Aquí?!!!
    
    —Claro ¿dónde va a ser? Entra, te da un par de besitos y te pide hacer una llamada a su central para decir que ha llegado y que todo es correcto. A continuación te pide el importe de su servicio, en metálico o con tarjeta, como quieras. Luego ya nos sentamos, le ofreces alguna bebida y, como tampoco se dispone más que de una hora de tiempo normalmente, yo lo que hacía era colocarla aquí en medio del salón de pie. Empiezo a mirarla con descaro a su alrededor y a decirle lo cojonuda que está, le levanto las faldas o le digo que se siente con las piernas separadas para asomarme a verle su tanga. Luego le meto las manos por dentro del sujetador para acariciarle las tetas o por dentro del tanga para sentirle el chocho, el culo. La coloco de pie aquí en medio, como me apetece, para sobarle a conciencia sus intimidades. Es curioso, pero esa forma de relación con otro cuerpo humano es bien distinta de la que suele darse en una pareja, donde las cosas son menos descarnadas, como mucho más inhibidas. Y a veces más rutinarias, no sé, te sientes menos libre aunque entiendo que no debería ser así. Pero es así.
    
    —Y ¿luego...?
    
    —Yo solía decirles bastantes obscenidades y besarlas con lengua por dentro de la boca. Y cuando estaba ya bien caliente, pues nada, la colocas en la posición que más te apetezca en ese momento, te desnudas, la desnudas, te pones el condón y le metes la verga ...
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