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El que la sigue, la consigue
Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos
... puse bien cerca de mí para que contemplara cómo iba cortándome primero con unas tijeras la larga y espesa mata de pelo que recubría mis genitales y luego le mandé que ella misma fuera sujetando cada zona a medida que iba lentamente afeitándomelo desde algo más arriba del ombligo hasta bien empezada la espalda por detrás, como un niño impúber pero completamente limpio (y me ha gustado tanto ir afeitado que ya no soporto desde entonces tener mi sexo en medio de tan espesa pelambre), tan limpio como mi cara y ya sólo puedo usar tangas pequeños que me sujeten el paquete por delante y una cintita muy ceñida a la raja de mi culo: de hilo dental. Cuando te acostumbras ya no puedes prescindir de ellos y cualquier otra prenda te parece una manta. Resulta muy erotizante sentir esa presión y ese toque del hilo elástico en el ojal del ano, y con los cojones muy ceñidos y levantados. —Ve a la cama, puta! —le dije cuando hube acabado de afeitarme— y espérame allí boca arriba, con las piernas bien abiertas y separándote los labios del chumino con las manos. Ah, y no olvides ponerte una almohada debajo del culo para que te quede el chocho bien alto y ofrecido. Ella obedecía ya ...
... sin rechistar todas mis órdenes. Después de lavarme y secarme bien, con calma para hacerle esperar y que fuera tomando conciencia de que estaba a mi disposición, me dirigí a donde ella me esperaba tal y como yo le había mandado y la monté sin miramientos. Ábrete bien esa raja de puta que tienes, que te voy a clavar la polla en ella, golfa! —Sí, sí, húndela en mi coño... La penetré de un solo empujón y comencé el vaivén, dentro y fuera, dentro y fuera, para masturbarme la verga con el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo. —Así es como hay que follarse a las furcias como tú, guarra...! A las putas no se les habla, se las folla! ¿Recuerdas...? Y la culeaba hasta encharcarle el coño con mis chorros de lefa espesa, ardiente, dándome con ello ese placer indescriptible que tú tan bien conoces porque lo experimentas a menudo ¿verdad?... De ésta o parecidas formas fui utilizando a mi suegra Elvira para mi placer durante cinco o seis años hasta que por circunstancias de la vida ella ha se ha ido a vivir a una ciudad muy distante. Creo que, si deseamos a cualquier mujer, merece la pena intentarlo. No importa su condición: ¿no crees?