1. El que la sigue, la consigue


    Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos

    ... juego sexual. Porque las cosas no caen gratis del cielo, hay que buscarlas.
    
    El primer paso lo di en una ocasión en que estábamos Elvira y yo solos en mi casa. Me fui a duchar. Lo hice con la puerta del baño abierta y la llamé para que, por favor, me acercara una toalla pues no había ninguna en el cuarto de baño (claro que no: las había retirado yo mismo previamente). Cuando mi suegra me tendió la toalla través de las cortinas inicié una conversación lo más natural que pude sobre la necesidad que teníamos todos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me gustaba y que deseaba hacerle el amor. "Estás loco!" me contestó. Yo le dije que quizá tuviera razón pero en mi fuero interno decidí seguir con mi plan de caza. Cuando salí me pidió que le sirviera un coñac: ella, ¡que casi no probaba el alcohol! El impacto de la frase "me gustaría hacerte el amor" debió de ser tan brutal que no se le ocurrió nada mejor que beberse una copazo para poder soportarlo!
    
    Así que continué mi plan como un juego, sin saber hasta dónde llegaría, dejándome ver por ella, por Elvira, la madre de mi mujer, en ropa interior. Desde el principio noté cómo se alteraba cuando, aprovechando que Cristina, mi mujer, estaba al otro extremo de la casa o mejor ausente, yo irrumpía de pronto donde ella estaba, llevando encima tan solo un slip mínimo, de tela muy delgada, casi transparente. Antes yo me había mirado bien en un espejo de cuerpo entero para diseñar el efecto que quería producirle y ...
    ... lo que ella iba a ver, quisiera o no; corrigiendo el slip de posición, dejando ver bastante vello púbico por arriba o dejando excesivamente holgado el slip por abajo para que ella pudiera verme bien la pelambrera por los costados de mi prenda íntima. Cada ocasión escogida hacía que pareciera bastante espontánea y natural: lo "normal" era no ir vestido así -mejor dicho, desvestido así- pero tampoco era como para llevarse las manos a la cabeza y montar un escándalo. Ni mucho menos. Se le mudaba el rostro, se congestionaba, se ponía encendida, colorada como una amapola y hacía como que miraba a otro lado. Y si yo notaba su turbación, ella, mujer y por tanto mucho más intuitiva que los varones, tenía que saber que su yerno había comenzado un juego cuyas siguientes partidas eran una incógnita total: ¿qué pretendía su querido yerno?
    
    Desde luego que ella no era tan débil como para no poder detener a tiempo ese juego si estaba realmente convencida de que no quería que continuara o pasara a mayores. Por tanto, si no decía o hacía nada para impedirlo era porque aquello le resultaba agradable, tanto como para permitir que ocurrieran ante ella o a su lado hechos que vulneraban sus convicciones más profundas. Desde las primeras veces que me exhibí, mi suegra podía haber hablado discretamente conmigo. O con su hija explicándole cómo andaba a veces por la casa y que no veía con buenos ojos mi conducta, pidiéndole que me hiciera la observación de que me abstuviera de andar así por respeto ...
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