-
LA CASA DE LAS PERVERSIONES 4
Fecha: 03/12/2020, Categorías: Incesto Autor: Hansolcer, Fuente: SexoSinTabues
... prácticamente agacharme y así saborear aquellas chiches muy grandes para sus 13 años y su 1.45 de estatura. Podía sentir como todo su cuerpo electrizaba al contacto de mi lengua en sus pezones, sus manos se habían apoderado de mi cabeza y me apretaba a cada chupada que le daba. A pesar de que estábamos a escasos 100 metros de donde mi cuñada y su amiga Amanda habían ido a comprar, sabíamos que no podían vernos, pero estar en la calle suponía el riesgo de que cualquier otra persona pudiera encontrarnos. Al menos esa fue mi excusa cuando le propuse a Teresa que nos fuéramos a otro lugar. ¿A donde? Me había preguntado con aquella voz que delataba cuán excitada estaba. Prácticamente sin responderle la tomé de la mano para que pudiera seguirme al interior de aquel terreno baldío que estaba frente a nosotros. Caminábamos despacio intentando no hacer ruido y evitando chocar con algún arbusto que pudiera tener espinas. La oscuridad se acentuaba porque la lámpara que iluminaba la calle poco a poco iba quedando más lejos. Fueron 40 ó 40 metros los que caminamos hasta llegar a un viejo pozo que había sido sellado cuando entró el agua potable al lugar. Esta bien acá -pregunte como si del mejor hotel se tratara, pero a Teresa parecía no importarle. De nuevo pude sentir como su mano apretaba la mía. Entendí que era un si y otra vez la bese mientras le colocaba sus manos en mi cuello, puse las mías en sus caderas y así pegados uno al otro nos besamos de manera apasionada. Déjame cargarte ...
... – le dije casi sin emitir sonido alguno. ¿Qué vas a hacer? -preguntó imitando mi silencio. No hubo explicación, sencillamente empuje sus caderas hacia arriba y con movimiento logre que me rodeara con sus piernas quedando su chocho pegado a mi, separado únicamente por la tela de su calzoncito. Me vas a tirar (dejarla caer) dijo entre divertida y nerviosa quizás creyendo que iba a cogérmela ahora mismo. Porque había sentido mi verga al full y ahora la tenía a escasos centímetros abajo, destillando líquido pre seminal a la espera de que fuera invitada y convertirse en el alma de aquella sesión de sexo. Seguíamos besándonos, ella quizá deseando que de una vez me la cogiera. Podía sentir como movía su vulva sobre mi estómago, de arriba abajo. O me equivocaba pero ese chocho estaba goteando, deseando sexo. Estas caliente – le susurre mientras la colocaba hasta dejarla sentada sobre la tapa de cemento del pozo. Tu tienes la culpa – dijo casi sin poder terminar la palabra, porque mi mano había llegado a su panochita y apartando el elástico de su calzón ya hurgaba entre sus labios vaginales. Ummm mmm mmmmm Malo – dijo mientras se retorcía como si de nuevo sintiera corriente en su cuerpo. El brocal del pozo parecía haber sido construido para aquel momento. La altura era perfecta, Teresa sentada, yo entre sus piernas besándola. Había dejado de hurgar su panocha y ahora mis manos se centraban en sacar aquellas tetas que yacían presas en aquel ajustado brasier. Eran grandes, suaves y al ...