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Mi vecina Rosa (4)
Fecha: 19/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Diego Alatriste, Fuente: CuentoRelatos
Aunque parezca mentira, me tenía enganchado, ansiaba abrazarla, protegerla. Aquella tarde apareció con una camisa de cuadros y un pantalón vaquero, el pelo se lo había recogido en una coleta. Estaba para comérsela. Le pregunté por Ángel y me respondió que había preferido quedarse en casa. Íbamos caminando carretera abajo sin decir una sola palabra hasta que decidí romper el silencio. Bueno, creo que tienes algo que contarme. – Lo primero que quiero decirte es que nada de lo que ha pasado en mi vida anterior, tiene que ver con lo que ahora siento contigo. Te cuento esto porque no quiero que te sientas mal, lo tuyo es diferente. -Cuando nos casamos, yo quería a Ángel más que a nada en el mundo. Estaba enamorada hasta la médula. Él trabajaba como relaciones públicas para una cadena de hoteles. Compramos una casa en Alicate, cerca del hotel donde trabajaba. Su sueldo no era muy alto, por lo que a finales de mes pasábamos apuros para pagar la hipoteca y seguir viviendo. Estuvo buscando otro trabajo en el que ganaba más dinero y le ofertaron, dentro de la misma cadena, trabajar en Alemania, en la zona de Babiera. Yo le animé y al poco tiempo nos fuimos. La verdad es que económicamente mejoramos mucho, además de en sueldo más crecido, el hotel nos proporcionaba alojamiento y comida por lo que, sacando nuestros gastos, ahorrábamos prácticamente todo el sueldo. Siempre habíamos dicho que cuando pagáramos la casa de Alicante volveríamos. Pasaron unos años y no sólo ...
... pagamos la casa, sino que teníamos algo de dinero. Ángel no quería volver, decía que estaba a punto de ascender en su profesión y que el ascenso se lo respetarían cuando regresáramos aquí a España. Pasaba el tiempo y el ascenso no llegaba. Un día volvió del trabajo muy preocupado. Dijo que su jefe había interpretado mal un comentario suyo y que estaba muy indignado, que aquel mal entendido había tenido repercusión con unos buenos clientes y que podría incluso perder su empleo. Intenté consolarlo, diciendo que nos volveríamos a España, que viviríamos en la costa y que seríamos felices. Él se empeñó en quedarse hasta que aquel problema se solucionara, apelando a su orgullo profesional, etc. Conocíamos bastante bien a su jefe, un hombre con casi sesenta años, con buena presencia, alto y fuerte como un roble. Habíamos cenado algunas veces con él y coincidido en varios actos organizador en el hotel: jubilaciones de compañeros, aniversarios… Últimamente noté que no me quitaba el ojo de encima y se excedía en detalles y cortesías conmigo, pero no le di la mayor importancia, soy bastante abierta en el trato con las personas y no estoy de mal ver, así que son bastantes los hombres que me miran con descaro o incluso me insinúan alguna aventura. Tal vez, me dijo un día Ángel, si organizamos un encuentro que parezca casual con mi jefe, entre los dos le podamos hacer ver que queremos que las cosas vuelvan a su cauce y marcharnos para España lo antes posible. Me pareció buena idea. ...