1. Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral


    Fecha: 24/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    Lentamente, pero con energía, voy agitando la cazuela de barro. La salsa ha de quedar emulsionada pero sin burbujas, demostrando que no se ha utilizado el artificio 'del colador' y con la consistencia de una mayonesa suave. El bacalao ha de quedar separado en lascas, pero sin deshacerse la tajada. A mi lado, repitiendo mis gestos, un cocinero me ayuda a preparar las sesenta raciones de degustación que he de presentar. Frente a mí, ayudada por otro cocinero, Marta prepara otras tantas raciones de degustación. Las mías son de Bacalao al pilpil, las suyas de Bacalhau com natas. Es un duelo a muerte entre ambos y las apuestas han sido muy altas. Cincuenta personas van a juzgar cuál de las dos es la mejor receta para la preparación de bacalao.
    
    Todo comenzó hace un par de semanas, durante la cena. Marta había preparado Bacalhau à Narcisa, una de las mejores recetas portuguesas de bacalao. Ante los elogios por la cena, Marta se fue creciendo con la ayuda de las otras tres mujeres, y empezaron a presumir de que en Portugal podrían poner a la mesa una receta diferente cada día, sin repetirse, durante más de un año, y que no había ningún país que pudiese competir en bondad contra ellos. Ahí se me calentó a mí la boca y aseguré que la mejor receta del mundo, sin asomo de dudas, es la del bacalao al pilpil. Salieron a relucir las pistolas y me vi yo solo frente a las cuatro fieras que compartían mesa conmigo. Entonces Amália dijo que era hablar por hablar ya que no había forma de ...
    ... dilucidar cuál era la mejor preparación, a lo que Ana María contestó que se podría hacer un concurso y dar por bueno, al menos a nivel de la quinta, el resultado del mismo.
    
    Para que el fallo fuese lo más justo posible invitaríamos a todo el personal de la quinta a una cena de confraternidad, aprovechando que se acercaba el final del año. Antes de la cena se procedería a la degustación de ambas recetas y un jurado votaría cual era la mejor a su criterio. Marta y yo estuvimos de acuerdo en batirnos en duelo y ante la bravuconada de que yo no tenía ninguna oportunidad, saltándome mis reglas (nunca apuesto) le di a Marta la ventaja de escoger su receta y propuse que nos apostásemos algo.
    
    Las cuatro arpías que tengo en casa se confabularon y me propusieron que si yo perdía, tenía que invitarlas a cenar en el restaurante de Lisboa que ellas escogiesen, sin atenerse a presupuesto. No hablaron en ningún momento de que yo ganase. Por lo que pregunté:
    
    —¿Y si gano yo?
    
    —Escoge el premio –me dijo Amália con suficiencia, al tiempo que las otras tres asentían.
    
    En ese momento, ya con la caldera a punto de explotar, subí la apuesta a lo más duro que se me ocurrió, en la creencia de que se echarían atrás.
    
    —Si yo gano, tenéis que cenar las cuatro conmigo, aquí en casa, completamente desnudas, y yo puedo ver y tocar todo lo que me apetezca.
    
    Al oír mi propuesta plegaron velas un tanto. Yo aproveché y cargué las tintas para que acabaran de achantarse:
    
    —Y además, para que el ...
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