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Noche de pasión en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral
Fecha: 24/12/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... las cuatro mujeres, si no la de Portugal. Por cierto, muchas gracias por su voto. Sabía que usted no se auto-votaría. Yo también voté su receta. Como portuguesa no puedo decírselo, pero como cocinera he de admitir que la receta española es un espectáculo. Espero que me enseñe a prepararla. —Pues claro que sí, Marta. Será un placer. Ahora ya sé de quién son los dos votos, ya que el otro, indudablemente, es el de tía Amália. —Ay patrón, patrón… que fácil es entramparlo. ¿Sabe por qué sé que usted no se votó a sí mismo? Porque yo sé de quién es el otro voto. —¿No es el de mi esposa? —El otro voto es el de su nietecita –Rayos, tengo al enemigo en casa. He de tramar alguna venganza, pero hasta en eso Amália es mucho mejor que yo. Me da envidia el sentimiento de país que tienen los portugueses. Aunque la verdad es que históricamente nosotros, cuando ha venido una amenaza exterior, también hemos dejado de acuchillarnos mutuamente y nos hemos unido para darle en el morro al extranjero. En fin, no me queda más que asumir la derrota, aunque la justa no haya sido muy limpia, y prepararme para llevar a cenar a las cuatro mujeres que conforman mi familia. Veremos que restaurante escogen y qué me depara el destino. Ha pasado una semana desde el duelo y nos dirigimos en mi coche hacia el restaurante. Amália va a mi lado, en el asiento del acompañante, indicándome el trayecto, ya que ella conoce mucho mejor que yo Lisboa. Detrás van las otras tres mujeres. Todas van ...
... como gallinas, alborotadas e inquietas por la excitación de haberme ganado la cena. Esta tarde las he acompañado de compras y a la peluquería. Han querido ponerse guapas (cómo si no lo fuesen suficientemente), para adornarme a la mesa (son palabras de Amália, no mías, que conste). Al dejarlas en la peluquería, he preguntado qué servicios habían contratado, y para demostrar señorío en la derrota, me he hecho cargo de la cuenta de las cuatro mujeres. La tarjeta de crédito, al introducirla en la maquinita de cobro era de color azul. Salió del color rojo que incorporan las banderas de España y Portugal. Menudo clavo fino. Después de la sesión de peluquería, las dejé en unos grandes almacenes españoles y me disculparon de esperarlas, ya que necesitaban tiempo para comprar vestidos, sobre todo para Marta y Paulinha. Por lo tanto, las dejé solas y tras pasear por Lisboa un rato, me fui a casa a esperarlas. Cuando estuvieron preparadas para salir di por bueno lo que me había costado la sesión de estética. Mi mujer llevaba la misma ropa que se puso en nuestra primera cena. Incluso iba peinada con el mismo moño italiano. Ana María llevaba un traje negro con pantalón de pernera ancha y la cintura alta, casi debajo del pecho. La levita hasta la altura de la rodilla, y sin solapas, cerraba a hueso por delante, asegurando el cierre un único alamar a la altura de la cintura del pantalón. Completaba el conjunto una blusa transparente de color gris con pequeños lunares blancos. Su ...