-
Compañera de tren
Fecha: 13/02/2021, Categorías: Otras Categorías, Autor: Gandalf57, Fuente: CuentoRelatos
La veía casi todas las mañanas en la estación de tren, ambos viajábamos al centro a la misma hora. No era muy bonita, pero no era fea: pelo castaño, tez pálida, grandes ojos marrones oscuros, calculaba que tenía 20 años, 1,60 de altura, siempre usaba ropa holgada que no dejaba ver su silueta (y me hacía suponer que era gordita). Nunca saludaba a nadie, siempre estaba sola. Nunca hable con ella, ni siquiera la saludaba (soy muy tímido y sin duda ella también lo era). Quizás de tanto verla empezó a agradarme, claro que era muy joven para mí (yo ya tengo 50 años) y ella podría ser mi hija. Quizás al ser tan callada, tímida, discreta hacia que la viese frágil y vulnerable. Así la observe durante meses, admirándola en silencio, sin siquiera atreverme a saludarla. Hasta hace unas semanas... Una mañana habían cancelado un par de trenes en plena hora pico, eso hizo que los trenes siguientes vinieran desbordados de pasajeros. Tuve que dejar pasar algunos trenes porque no me gusta viajar apiñado, al fin logre subir a uno y tan pronto arrancó observe que ella también había subido al mismo vagón y estaba a algunos metros de mí. La noté inquieta, miraba a un lado y a otro y algo ruborizada, pronto descubrí porque: un muchacho (de aspecto nada agradable) estaba detrás de ella y con una sonrisa casi perversa se acercaba a ella y le susurraba sobre el hombro. No podía oír lo que le decía, pero a juzgar por los gestos de ella supe que estaría diciéndole groserías. Con el tren lleno ...
... como estaba era difícil desplazarse en el vagón y por eso ella no podía apartarse de ese muchacho. Comencé a pedir permiso, y empujando algunas personas, comencé a acercarme a ella. Cuando estuve a su lado dije en voz alta de modo que el muchacho escuchara: —Hola, ¿cómo estás? Ella me miró con sus grandes ojos oscuras y un gesto de sorpresa e intriga. Me incliné sobre ella y simulando darle un beso le susurré al oído —Disimulá, seguime la corriente y ese vago te dejará tranquila. Cuando me incorporé ella me miró, y en su mirada me di cuenta que había comprendido. —¿Cómo está tu padre? Hace tiempo que no lo veo. Ella balbuceó: —Bien. El muchacho se había separado un poco de ella y me miraba de reojo. Hable en vos alta asegurándome que el escuchara: —¿Sigue trabajando de policía? Al escuchar esto el muchacho dio un respingo y abriéndose paso a los empujones comenzó a apartarse de nosotros en dirección al otro vagón. Empujó a mucha gente, y muchos le protestaron e insultaron. No le quité la vista mientras se alejaba y comencé a reír. Ella al verme reír giró su cabeza y lo vio cómo se alejaba entre empujones e insultos, se volvió hacia mí y me sonrió: —¡Muchas gracias! —me dijo. —De nada. Ya bastante debemos soportar viajar oprimidos como para tolerar a estos groseros abusándose de la situación. —No me voy a cansar de decirte gracias. Realmente no tenías por qué haberlo hecho. —Fue un placer poder ayudar a una compañera de viaje. Me sonrió, y ...