1. Compañera de tren


    Fecha: 13/02/2021, Categorías: Otras Categorías, Autor: Gandalf57, Fuente: CuentoRelatos

    ... pero al hacerlo su cuerpo presionó sobre la parte baja de mi ingle. Nos miramos y sonreímos. Cuando observé su sonrisa y sintiendo la presión de mi cuerpo en mi pene involuntariamente comencé a sentir mi erección. Siempre la vi como mi propia hija, y tener una erección por ella me hizo sentir sucio. Luchaba por evitarlo, pero la sentía presionada a mí, veía su sonrisa y cada instante me ponía más duro. Cerré los ojos e intenté pensar en otra cosa, pero no lo lograba
    
    Al ver que yo tenía los ojos cerrados me pregunto: —¿Te sentís bien?
    
    —Sí, sí —Le respondí —Estoy bien. Disculpa.
    
    Cuando abrí los ojos y la miré, vi como su sonrisa se transformaba en una mueca de duda. Creo que en ese momento ella recién se dio cuenta de lo que ocurría. Se puso seria e intento apartarse de mí, yo también lo intente, pero había tanta gente allí que resultaba imposible y lo único que logramos es que nuestros movimientos me excitaran más y mi erección creció aún más.
    
    Un par de estaciones después descendieron bastante pasajeros, y pudimos acomodarnos un poco mientras bajaban. “Que alivio!” pensé. Paola pudo girar dándome la espalda y yo intenté ponerme a su lado, pero mientras lo hacía comenzaron a subir los pasajeros de la estación y me aprisionaron contra su espalda, “¡No, por favor!” pensé cuando sentí las nalgas de Paola apoyándose en mi miembro. Ella intento apartarse y acomodarse, pero lo que logro fue que mi pene se acomodara en el cálido valle entre sus firmes glúteos. Era ...
    ... imposible no sentir, era imposible pensar en otra cosa. Su cola era deliciosa y sentir como mi miembro anidaba entre esas preciosas nalgas ¡me pusieron al máximo!
    
    Intente apartarme varias veces, pero solo lograba hacerlo por un par de segundos, enseguida su cola volvía a aprisionar mi miembro cada vez más tieso. Sentí como ella se movía y supuse que intentaba cambiar de posición para evitar que la apoyara, consiguió apartarse un poco, aunque aún seguíamos apretados al menos mi pene no estaba aprisionado entre sus nalgas. Respiré aliviado... pero el alivio duro muy poco... de pronto sentí otro roce en el bulto de mi pantalón y creo que mi corazón se salteo algunos latidos cuando me di cuenta lo que era: ¡la mano de Paola estaba acariciando mi miembro!
    
    Asombrado intenté mirarle el rostro, ella estaba de perfil, no miraba hacia mí, pero pude distinguir en su rostro un gesto entre curiosidad y picardía. Sus dedos comenzaron a palpar mi pene recorriéndolo lentamente en toda su exención, una y otra vez, incluso llego a poner su mano entre mis piernas acariciándome los testículos. Luego de algunos minutos torturándome de este modo giró su cara hacia mí y con una sonrisa inocente me preguntó: —¿Esta bien así? Solo atiné a responder: —Está muy bien —sonrió y cerrando los ojos continúo explorando mi pene y testículos.
    
    Esto era el paraíso. Sentía como sus dedos acariciaban y jugueteaban lentamente mi miembro. Solo la tela mi pantalón y calzoncillo me separaba de aquella deliciosa mano ...