1. Las desventuras de Elena (8)


    Fecha: 15/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... honrada.
    
    -Bueno, ¿y cuándo pensás llevarla al Club?
    
    -¿Me sugiere algún día en especial?
    
    -No, cuando quieras, pero antes avisale a Wanda.
    
    -Sí, señor.
    
    -¿Es casada tu tía?
    
    -No, vive sola, es soltera, lesbiana, señor, ciento por ciento lesbiana.
    
    -¿Y qué edad tiene?
    
    -Cuarenta y cinco, señor, pero muy bien llevados. Es rubia, de ojos verdes, linda de cara, con muy poquitas arrugas y tiene la carne bastante firme todavía. Me di cuenta cuando la sobé un poco.
    
    -Bueno, apurá el trámite.
    
    -Sí, señor. La llevaré al Club mañana mismo. Que tenga buen día. –dijo Fernanda y tras cortar la comunicación marcó el número de su tía Leonor.
    
    ..................
    
    Eran las cinco cuando Wanda llamaba a la puerta del consultorio mientras con Julia tenían sujeta por los brazos a Elena, que lucía sensualísima con su pelo mojado tras la ducha.
    
    -Adelante. –se escuchó y Wanda abrió la puerta.
    
    -Se la dejo, doctora. –dijo la carcelera empujando a la esclava hacia el escritorio de la médica. Ésta, sin pararse, echó una larga, lenta y ardiente mirada a la hembra desnuda, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa satisfecha.
    
    -Gracias, Wanda. –dijo poniéndose de pie para ir hacia Julia y saludarla con un apretón de manos en tanto Elena permanecía quieta, con la cabeza gacha y las manos atrás.
    
    -Le agradezco que me permita usar a su hembra, querida. –dijo la doctora.
    
    -Será un placer para mí. Me excita mucho entregarla. –fue la respuesta de Julia.
    
    -Bueno, ...
    ... empecemos entonces.
    
    Sin más preámbulos la doctora le separó los muslos y puso una mano sobre la vulva, para después introducir dos dedos que empezó a mover un poco hasta que notó la primera humedad.
    
    -Muy bien, perra en celo... ¡Muy bien! –dijo y retiró los dedos que Elena tuvo que limpiar con su boca.
    
    -Acostate de espaldas en la camilla. –le ordenó.
    
    Elena lo hizo de inmediato, trascendida por el aspecto imponente y el aire de autoridad de la doctora.
    
    Al tenderse en la camilla vio en el techo un riel de metal con dos poleas en sus extremos y cadenas enrolladas en ellas, con grilletes de metal plateado.
    
    Cuando tuvo a Elena acostada, la médica fue hasta una manivela fijada a un círculo metálico empotrado en la pared de la izquierda, y mientras se regodeaba con la apetecible desnudez de la esclava la hizo girar haciendo que los grilletes descendieran. Los ciñó en los tobillos de su víctima sellándolos con dos pequeños candaditos y después, ante una orden de la doctora, la esclava tuvo que deslizarse hasta que sus portentosas nalgas quedaron en el borde de la camilla. La médica volvió a hacer girar la manivela en sentido contrario hasta que tuvo a Elena con las piernas bien abiertas y estiradas hacia arriba y sus nalgas en el aire, unos veinte centímetros por sobre la camilla. Por último, le fijó las manos a sendos grilletes de metal adosados a los laterales de la camilla.
    
    -Bueno, ya la tenemos lista. –le dijo sonriendo a Julia, que lo observaba todo con creciente ...
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