1. Servicio de lavandería


    Fecha: 16/02/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: [email protected], Fuente: CuentoRelatos

    ... quizás porque de esa forma sienten un dominio especial sobre la situación o simplemente porque frente a cualquier otro compañero quedarían como completos enfermos y degenerados. La gente es muy preciosa. Para casos como este estoy yo. Las putas y los putos somos como barrenderos de esta sociedad, siempre nos encargamos de la mierda.
    
    Frente a este tipo de misiones es fundamental conservar la naturalidad y no transmitirle a mi cliente el estupor aún en las peticiones más repelentes y extrañas. Como con el señor del scat y los pedos. Su mensaje fue claro y especifico: “Busco pedos. Quiero que te tires pedos para mi”.
    
    Para gusto colores, dicen. Bueno supongo que todos nos hemos tirado un pedo, después de todo,¿Quién no se tira pedos en algún momento del día, quién no abre el grifo cuando va al baño en casas ajenas para silenciar algún pedo ruidoso que se escape inoportunamente, quién no aprovechó el ruido y la confusión de gente en el tren o el metro para soltar un pedo que le estaba revolviendo las tripas? ¿Y quién no ha sentido unas ganas tremendas de tirarse un pedo en medio de una cita? A mi me sucedió.
    
    Lo cierto es que la gente busca cualquier oportunidad de transgresión, algunos se atienen a las normas de una vida en comunidad, son pacifistas, otros vegetarianos, otros ecologistas, otros buenos maestros y esposos, pero en la cama aprovechan para romper con todo esquema de lo que interpretamos como normal, quizás es una rara forma de venganza. La moralidad es sólo ...
    ... un corsé ceñido que obliga a mantener la postura y la buena costumbre. No es tan incierto cuando en broma mi amiga Patty dice que hacemos un servicio social cuando aceptamos acostarnos con personas a cambio de alguna regalía, porque sino existieran los taxiboys y las putas el mundo sería aún más caótico con sátiros en estado de abstinencia. Sin el sexo buscarían la forma de saciar sus apetencias entregándose a excesos aún más inhumanos. Lo nuestro es como servicio de lavandería, nos encargamos de esos trapillos sucios que nadie quiere lavar en casa.
    
    El primer encuentro que tuve fue bastante convencional:
    
    Casado.
    
    Treinta y dos años.
    
    Metro setenta.
    
    Brillantes ojos verdes (un culo precioso) y gustos menos rebuscados.
    
    Acordamos encontrarnos por la tarde bajo el reloj romano del ayuntamiento cuando las agujas marcasen las tres. Comencé a prepararme una hora antes para poder salir con tiempo de sobra. La puntualidad es algo en lo que me cuesta trabajar. Después de afeitarme cubrí las ojeras de la fiesta que había tenido la noche anterior esparciendo el corrector con mucho cuidado para que no dejar grumos ni vestigios; un cliente no puede notar que llevo maquillaje para ojeras, ellos piden un hombre y no un travestido, pero un profesional tiene que tener ciertos secretos para cuidar la imagen, nadie paga por algo si no tiene buena pinta. Para finalizar un poco de cera en el cabello y lo peiné con los dedos. Ropa normal, como si bajase a comprar el pan o a tirar la ...
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