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Servicio de lavandería
Fecha: 16/02/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: [email protected], Fuente: CuentoRelatos
... interior de la casa me hizo pensar en una de esas casas antiguas de enormes ventanas de guillotina y suelos de madera que crujen con cada paso. Cuando encendió la luz se revelaron todos las imágenes y cuadros religiosos que colgaban de las paredes, y en ambos extremos del corredor estatuas de santos y vírgenes se levantaban altivas y majestuosas. Era como entrar a follar a escondidas en una iglesia. —¿Y tú que eres? —preguntó de improviso para romper el silencio en que habíamos caído. —Sí. Sí, yo también soy muy creyente —aseguré con seriedad. —No, no. Me refiero a si eres gay o bisexual… —Ah —corregí de inmediato— claro, soy bi. —¿Ves? Seguro tu me entiendes —señaló respecto a sus actividades de pago. Pero no comprendí bien a que se refería con eso de “entenderlo”. —Antes de comenzar me gustaría tomar una ducha —sugerí una vez que estuvimos dentro de la habitación. Claramente no era la suya porque en lugar de una amplia cama matrimonial dos camas individuales, impecablemente estiradas, llenaban todo el espacio; podían ser para invitados o de los niños, o quizás ni siquiera era casado pero eso era lo menos importante después de concretar el pago. —Cuando acabes de ducharte, ¿podrías salir vestido del baño? Su petición no fue nada extraña, claramente estaba frente a un fetichista visual con deseos de jugar y alimentar la imaginación. Son los ojos muchas veces, y en el mayor de los casos, los que conceden los elementos para crear y dar forma a un ...
... placer que no necesita un cuerpo concreto que lo limite sino que busca poder fluir en ciento de imágenes asumiendo diferentes rostros y formas según la ocasión. Se acercó a mi y tocó mi cabello húmedo con sus dedos blancos y suaves. En ese momento con sus ojos verdes clavados en los míos pude percibir cómo mi existencia se volvía más rígida y mi corazón más grande y agitado; cuando su boca llego a besar mis labios y sus manos descendieron hasta mi pantalón me volví de piedra entre sus dedos. Me desvistió suavemente mientras me recorría con la mirada y jugaba con el vello al rededor de mi sexo, tiramos nuestra ropa sobre la otra cama y nos acostamos al mismo tiempo a la vez que me monté sobre él sin apartar nuestras bocas que se fundían y se mordían con avidez. Incluso en la habitación mientras nos dejábamos guiar salvajes por nuestros instintos permanecíamos bajo el juicio místico, rodeados inusualmente para estas fechas por un pequeño pesebre de cerámica acomodado sobre la cajonera, ángeles que pendían sobre la pared y una cruz sobria y austera justo sobre nuestras cabezas. Mientras más nos elevábamos hacia la iluminación más nos arrastraba el magnetismo del Leteo. Dentro de sus ojos vi soledad, esa misma que sólo quien esconde lo mismo dentro sí es capaz de interpretar, y no pude hacer menos que abrazarlo para hundir mi cuerpo en el suyo. Quedamos flotando como uno mismo por un momento; igual a un estanque quieto y chato que refleja un cielo borrascoso anhelando ese ...