1. Putas de Alicante, entre todas, las más excitantes


    Fecha: 20/02/2021, Categorías: Grandes Series, Autor: Peregrino, Fuente: CuentoRelatos

    No sé qué me pasa últimamente que estoy como ido, como ausente de todo y de todos.
    
    Bueno, lo cierto es que, sin ser un experto en lo que a cuerpo y mente se refiere, podría auto diagnosticarme “obsesión enfermiza”.
    
    Y todo por unas putas.
    
    Sí, ya lo sé, estoy casado, felizmente casado, debo matizar, y no debería meterme en estos berenjenales. Pero la vida es así: una cosa lleva a otra, y esta a otra y, así, cuando quieres darte cuenta, te has dejado llevar tanto que no hay vuelta atrás.
    
    El caso es que no encuentro un remedio al mal que me aqueja. Y eso que lo he intentado por activa y por pasiva. Lo que sí tengo claro es cómo empezó todo, y creo, sincerarme, que compartirlo es una buena idea.
    
    El asunto comenzó hace varios meses.
    
    Roberto, un viejo compañero de la facultad, me invitó a pasar un fin de semana en Alicante. Desde hace varios años vive allí con su bella esposa. Están muy enamorados, pero él acostumbra a desmadrarse de vez en cuando por su cuenta. Ella hace lo mismo. Es una especie de acuerdo mutuo que les permite librarse de la rutina diaria por unas horas. Puede que su felicidad se sustente sobre este pilar, al parecer, bastante sólido.
    
    La única imposición que me puso consistía en que no debía ir en coche, sino en tren. Tan extraña proposición me sumió en un mar de dudas; no sabía qué pensar; simplemente dijo que me sería difícil regresar a casa manteniendo la concentración necesaria para conducir. Ahora sé cuánta razón tenía el bueno de ...
    ... Roberto.
    
    Así lo hice, sin rechistar, confiado.
    
    El tren me llevó a la estación de Alicante en un abrir y cerrar de ojos. Rober, que así le gusta que le llamen, me esperaba en el andén con una sonrisa que no supe interpretar de entrada. Era una mezcla entre picarona y estúpida.
    
    —Nada de mariconadas —Le dije, por si acaso—. Si estas pensando en lo que imagino que piensas… sácatelo de la cabeza.
    
    Rober soltó varias carcajadas. Todo el mundo volvió la vista hacia nosotros, extrañados, más bien asustados. Luego mi amigo resopló.
    
    —Tan inocente como siempre —murmuró—. ¿Cómo puedes pensar eso de mí sabiendo que soy el macho más macho de este país.
    
    Casi había olvidado que Rober era más bien el exagerado más exagerado del país.
    
    En fin, dejando correr el aire, nos fuimos del lugar.
    
    Antes de que pudiera darme cuenta, estábamos aparcando delante la puerta de una marisquería: una enorme langosta de hojalata, muy colorida, así lo indicaba. Unos segundos más tarde entrando en el local. Y en un suspiro mirando la carta, eligiendo lo que íbamos a comer. En este aspecto, Rober fue tajante:
    
    —¡Come, come! —exclamó con los ojos muy abiertos—. ¡Come todo lo que puedas!... Porque dentro de unas horas vas a necesitar todas las calorías que hayas acumulado. Por eso te he traído a comer marisco, y no una triste paella que no alimentan’a, aunque aquí las hacen de lujo.
    
    Tuve que insistir mucho para que me sacara de dudas, para que me explicara qué había querido decir. Rober soltó ...
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