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Segundas vidas
Fecha: 15/03/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos
Se había pasado toda la mañana escogiendo los regalos adecuados, quería tener a su familia contenta; para ella tenía pensarle regalarle una blusa para el verano, la niña algún juguete y para el recién nacido, con apenas dos meses, algún sonajero, o algo por el estilo. Estaba contento consigo mismo, tanto en el aspecto familiar como en el laboral; su empresa lo había enviado a gestionar la unidad de redes de la zona, por eso había tenido que desplazarse; era sinónimo que sus superiores ya confiaban en él. Se sentía capacitado, por algo tenía estudios universitarios, su formación era inmejorable. Todo eso con una capacidad de don de gentes (como le dijo antes de partir su jefe) superior a sus colaboradores. De hecho se conocía algo la zona, no era una de las primeras veces que la visitaba, quizá por ese motivo se le confiaba el trabajo, ¿quién lo hubiera dicho dos meses antes, cuando estuvo en esta misma localidad? De hecho, había almorzado con el presidente de la empresa junto a su mujer, causando – aparentemente – una buena sensación, ya que le prodigaron muchos elogios, dejando claro, que era con él en persona que a partir de ese momento deseaban negociar. Procedía a descansar en ese pequeño hotel, el cual le gustaba porque quedaba cerca del local que le gustaba tomarse algo cuando acababa la jornada. A sus treinta y tres años Esteban se sentía un hombre muy seguro. Eran las once de la noche y se disponía a saludar a Lucas, el camarero de dicho local, ya que les unía una ...
... pequeña amistad de ir alguna que otra vez cuando estaba por la zona. Ya habiéndose puesto cómodo, en vaqueros y su camiseta sport de marca, engominado y con buena planta salió para adentrarse en el local. Amaya de un tiempo a esta parte se sentía más segura lejos de su casa, de los suyos, le agradaba relacionarse con gente desconocida, debido a temas laborales estaba en esa localidad alejada, ya que su marido debido a su enfermedad tenía que guardar reposo Se dedicaban al trabajo de la ferralla abandonada, con eso se ganaban el sustento. Amaya fue madre de joven, tenía dos hijos y una hija. De padres gitanos y marido medio gitano, lo cual conlleva a ese carácter especial a veces no entendido por la gente. Recogían toda la ferralla de construcciones ya inservible y la vendían. Conducían una furgoneta, y lo que no se podían llevar, lo encargaban a un camión. Sus hijos ya mayores no seguían la tradición de dicho trabajo y trabajaban en mercadillos vendiendo ropa de segunda mano. Amaya, era una mujer recia, alta y tetuda y muy vertical, de muslos potentes, algo culona, pero como si estuviera levantado con dos puntales, apretado; a pesar de su envergadura era compacta y muy prieta, lo que junto a su cara algo gastada, pero de ojos vivaces y españoles y unos labios carnosos tenía una apariencia felina. Sin estudios y curtida por la vida se desenvolvía como tal. Al cumplir los cuarenta medito sobre su vida, solo había estado con su marido Rafa el ferrallero, se dijo a si misma que ...