1. Segundas vidas


    Fecha: 15/03/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos

    ... el arroz se le pasaba, tuvo esa reacción que tienen algunas mujeres que se reactivan y vuelven a la mentalidad de los dieciocho y quieren aprovechar lo máximo el tiempo perdido. De eso ya han pasado cinco años, el mismo tiempo de sus primeros comienzos de infidelidades. Todo coincidió con la enfermedad crónica de su marido debido a su afición a la bebida. Tuvo que hacerse cargo de la ferralla en una playa poco concurrida, tan solo se observaba un surfer entre esas aguas, un jovencito rubio que tabla en mano y echándole una mirada se hizo al mar para surfear; Amaya, llevaba consigo el bikini de topos de leopardo que le había regalado su hija; debido al calor se echó un chapuzón; el surfer no la dejaba de mirar, se cruzaron las miradas… una hora después era tumbada y gozada tras unos matorrales en las dunas de la playa. Aún recuerda como el joven de apenas veinte años le dijo “nunca me había tirado una tía con pelos en el coño”. Se sintió más viva, más Amaya, más mujer deseada. Esperaba ansiosa el próximo viaje a dicha playa, lo cual aconteció tres días después. No estaba el chico, en cambio una auto caravana estaba aparcada al lado de las dunas cerca de los matorrales. Estaba en tensión, impaciente, entró en el agua, ni siquiera había recogido la ferralla. Se sintió observada por un hombre con tabla, está vez era un veterano surfer, entrecano con barba y coleta; tras haber surfeado se fue al lado de la auto caravana, puso la música a toda castaña, la miraba fumando, con sus ...
    ... gafas oscuras; al poco rato se levantó y se cogió los testículos mirándola. Esta vez fue en la auto caravana, fue otra vez tumbada, gozada y enculada; estuvo toda la tarde dándole pollazos; al encularla la puso en cuatro patas y le dijo que mirara por la pequeña ventana ya que de esta manera “vería mundo”. Le había puesto el culo en adobo (envaselinado) para “un mejor acabado” como dijo él. En cada embestida era empujada hacía el cristal, dejando su aliento en él. Gritaba y le decía que era una puta, que tenía el honor de profanar su culo, partirlo y que no cesaría de encularla hasta que de él saliera la mismísima mierda. No ceso de – al mismo tiempo que la penetraba – decirle que tenía el aspecto de una camionera vulgar, otra vez se le hizo hinca pie en su vello púbico diciéndole que “se podía barrer el suelo con el”. Regreso casi de noche a su casa, apenas podía sentarse. Desde esa perspectiva se nos presenta Amaya, cinco años después, sentada en un local de copas de una localidad alejada de su casa y observando como el camarero y un hombre, engominado, con camiseta sport de marca y vaqueros parecen cuchichear en voz baja acerca de ella.
    
    – Me alegro mucho por ti, veo que todo te va viento en popa, un nuevo retoño, pero hablemos de lo nuestro, ¿cómo fue la última vez que estuviste aquí? – pregunto, Lucas el camarero.
    
    – Muy bien, siempre aciertas, triunfé con la hembra que me dijiste, todo termino en una buena follada.
    
    – Es merito tuyo, siempre consigues levantarlas, ...
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