1. Anita de tus deseos (capitulo 1)


    Fecha: 13/04/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos

    ... lo que vas a contestar, —dijo mirándome con sus penetrantes y seguros ojos.
    
    —Siempre papa, —dije con seguridad a pesar de que me sentía sorprendida, sorprendida porque aunque imaginaba cual era el sentido de su pregunta, respondí sin dudar.
    
    —Muy bien hija, —dijo papa poniéndome una mano en la rodilla—. Cómo te pareces a tu madre: eres clavada.
    
    —Yo siempre he querido ser cómo ella.
    
    —Entonces procuraré que lo seas… en todo. Por supuesto siempre que estés de acuerdo. —yo no dije nada. Supongo que se me puede aplicar lo de quien calla otorga.
    
    Durante el resto del día siguió trabajándome psicológicamente: supongo que en el fondo debía tener alguna duda sobre su control sobre mí. Hay que tener en cuenta que casi no me había visto en un par de años. Me comió el coco de tal manera que esa primera noche, terminé masturbándole mientras seguía sus instrucciones, feliz cómo una lombriz.
    
    Repetimos la operación varias noches más. Tenía que usar las dos manos para poder manejar la polla más descomunal que nunca había visto, aunque la verdad es que era la primera que veía. Después de muchos años, y algunas pollas más, tengo que decir que jamás he vuelto a ver una cómo la de mi padre. Según iban pasando las noches, avanzábamos en los juegos, pero siempre sin penetración: se la acariciaba, me la pasaba por la cara, se la besaba, lamia la punta e incluso le masturbé con los pies. Mientras, exploraba mi cuerpo con mucho detenimiento, pero en esos primeros días jamás se ...
    ... aproximó a mis genitales. A la segunda noche ya consiguió, sin mucho esfuerzo, que me desnudara, y tumbada junto a su cálido cuerpo, recorrió con las yemas de los dedos mi piel. Yo notaba cómo el calor del deseo me invadía, y él lo notaba también, pero no aceleró el paso, su intención era sembrar para el futuro: ahora lo sé muy bien. Al cuarto día ya me acariciaba fugazmente la vagina, y cuándo veía que me aproximaba al orgasmo, aflojaba, dejaba que me calmara y volvía a empezar. Con mucha habilidad dejaba que creyera que era yo quien decidía, pero la realidad es que yo obedecía todos sus deseos: vio con claridad la sumisa que hay en mí.
    
    Desde el primer momento incrustó en mi mente la idea de la confidencialidad y el secreto, y tengo que reconocer que hizo un trabajo soberbio: jamás hablé con nadie sobre lo que me estaba pasando, aunque la verdad es, que en ese momento no tenía a quien contarle nada. Al contrario, la imagen que daba a mis compañeros cuándo empecé la universidad era la de una mojigata beatona, cuándo la verdad es que era sexualmente muy activa, eso si, con mi padre. Yo me lo tomaba cómo si fuera una actriz interpretando un papel estelar, y me encantaba. ¡Joder! Si hasta me vestía con calcetines altos y rebequitas pijas para ir a la universidad. Pero me estoy enrollando mucho y adelantándome a los acontecimientos.
    
    El gran día llegó con el fin de semana, aunque sería más propio decir: la gran noche. Era viernes, y al día siguiente él no tenía que trabajar y yo no ...
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