1. Anita de tus deseos (capitulo 1)


    Fecha: 13/04/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos

    ... sus dedos dentro de mi boca. Si hubiera podido le hubiera gritado que si con todas mis fuerzas—. Ahora vas a empezar a hacer lo mismo que me hacia tu madre cuándo vivía. Me harías muy feliz. ¿Te parece bien?
    
    —Sí, sí, papa, —dije con la voz entrecortada cuándo sacó los dedos de mi boca. Me ayudó a incorporarme, me beso apasionadamente en los labios durante un rato largo y finalmente me puso de rodillas entre sus piernas.
    
    —¿Estás de acuerdo en obedecerme en todo?
    
    —Sí papa.
    
    —¿Sea lo que sea? Piénsalo bien antes de contestar.
    
    —Sí papa.
    
    —Muy bien hija: desabróchame el pantalón y sácamela.
    
    Solté el cinturón y comencé a desabrocharle los botones. Metí la mano en la bragueta y después de apartan el calzoncillo, le agarré la polla y la saque.
    
    —Abre la boca, —me ordenó mientras me sujetaba la cabeza con las manos. Le obedecí mientras me hacía inclinarme hasta que su descomunal polla comenzó a entrar en mi boca. Tuve que abrirla mucho para que entrara y apretó tanto hacia abajo que me dio una arcada cuándo llego al fondo de la garganta y me toco la campanilla, y eso que la mitad se quedó fuera.
    
    —Papa, no me entra. ¿Todas las pollas son cómo está?
    
    —Te aseguro que pocas pollas vas a ver cómo esta. A tu madre le gustaba mucho, y era capaz de metérsela entera en la boca.
    
    —¿Sí? ¿Cómo?
    
    —No te preocupes hija, te ira entrando: te lo aseguro. A tu madre también la tuve que enseñar: a esto y muchas cosas más. Era cómo un diamante en bruto y lo tallé a mi gusto: ...
    ... cómo haré contigo, —volvió a sujetarme la cabeza y me guio hasta que me la volví a introducir—. Quiero que chupes despacio, muy despacio y sin manos.
    
    Le obedecí y lentamente descubrí que sacando la lengua la polla entraba más profundamente. Reconozco que el comentario que hizo de mi madre me incitaba a querer emularla y eso me excitaba mucho. Aun así, de vez en cuando tenía alguna arcada más. Mi padre permanecía quieto, disfrutando el momento, consciente de su triunfo total sobre mí aunque yo no me daba cuenta. En ocasiones se incorporaba y me acariciaba la espalda y el trasero, y me gustaba.
    
    —Sigue, no pares. Dentro de poco me voy a correr, y cuando lo haga quiero que te lo tragues, y quiero que lo hagas sin titubeos. ¿Lo harás hija? —hoy reconozco que esa mezcla de imposición y pregunta me ponía a cien. Sin sacármela de la boca afirme con la cabeza. Mi padre se incorporó nuevamente para acariciarme el trasero—. Buena chica. Muy buena chica.
    
    Su corrida fue tan abundante que parte se me escapó por la comisura de los labios y me hizo toser un poco. Aun así, tragué todo lo que pude. Complacido, mi padre se incorporó y con el dedo fue rebanando con cuidado las gotas que tenía por la cara y me las metía en la boca: yo chupaba el dedo con deseo, feliz por haberle complacido. Cuándo terminó, me beso en los labios y otra vez me sentó de lado sobre sus piernas y me atrajo hacia su pecho.
    
    —Buena hija. ¿Te ha gustado?
    
    —Sabe raro.
    
    —¿Pero te ha gustado?
    
    —Sí papa, me ...
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