1. Anita de tus deseos (capitulo 1)


    Fecha: 13/04/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos

    ... ha gustado.
    
    —A tu mama le gustaba mucho chupármela: lo hacía a diario. Tenía una boca maravillosa. ¿Sabes? Me gustaría mucho que tú también lo hicieras. ¿Qué opinas?
    
    —¿Chapártela a diario?
    
    —Sí.
    
    —Yo quiero que seas feliz papa. ¿Si lo hago lo serás?
    
    —Claro que si mi amor. Seré enormemente feliz.
    
    —Entonces lo haré: haré todo lo que me tú pidas.
    
    —Tu mama me hacía muchas cosas…
    
    —Yo también las haré.
    
    —Y yo la hacía muchas cosas también: cosas que la gustaban mucho.
    
    —Ya me lo has dicho antes papa, —dije incorporándome—. Voy a sustituir a mama en todo: no seas pesado.
    
    —Y me vas a obedecer en todo, sea lo que sea.
    
    —Que sí pesado, que te voy a obedecer en todo, sea lo que sea.
    
    —Muy bien. Voy a preparar un contrato para que lo firmes. En él quedara reflejado que estás a mi disposición para lo que yo quiera, —al principio pensé que estaba de coña, pero luego me di cuenta de que no lo estaba: lo decía muy en serio—. Redactarlo es fácil, solo tengo que copiar el de tu madre.
    
    —¿Mama también lo firmó? ¿Por qué?
    
    —Porque el contrato crea un vínculo muy especial entre las dos partes. Todavía eres muy joven y seguramente no lo entiendas, pero lo harás.
    
    —Vale, si quieres que lo firme…
    
    —Tu también tienes que quererlo y confiar en mí ciegamente.
    
    —Yo también quiero firmar.
    
    —Perfecto. El contrato tiene un anexo que es una lista de normas concretas, que serán de obligado cumplimiento a partir de mañana cuándo te levantes. Por ahora solo te voy ...
    ... a decir tres. La primera: en casa siempre estarás desnuda. Siempre. Tu madre lo hacía cuándo tu no estabas en casa.
    
    —Recuerdo que siempre iba muy ligera de ropa.
    
    —La segunda: siempre estarás perfectamente depilada, totalmente depilada: ya me entiendes. Y la tercera: nunca pesaras más de cincuenta kilos. Está claro que te sobran algunos, —cuándo oí las dos primeras una punzada de placer que atravesó el chocho y ya no fui capaz de decir nada de la tercera—. El resto lo leerás mañana. Ahora, mientras preparo el contrato, vete al baño y depílate. Y dúchate, que no quiero encontrarme pelos sueltos.
    
    Cuando regresé, el contrato estaba sobre la mesa. Cogí el boli que me tendía mi padre y sin leerlo lo firme. Lo guardó en una carpeta y dejó la copia encima de una mesa auxiliar. Después, colocó una manta sobre la mesa del comedor, me cogió en brazos y suavemente me deposito encima. La incertidumbre de lo que se proponía a hacer hizo que el deseo se me disparara. Trajo una caja de madera que dejó sobre la mesita, la abrió y se puso a rebuscar en su interior. Sacó un par de cosas que no pude ver y cogiendo una silla se sentó a la mesa.
    
    —No quiero que cierres las piernas, —dijo mientras las separaba suavemente con las manos. Yo estaba muy excitada y se dio cuenta. Mi caja torácica se expandía con la respiración marcándome las costillas, y eso, que tenía un poco de sobrepeso. Colocó sus manos sobre mis tetas y comenzó a chuparme la vagina: suavemente, solo con la punta de la ...
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