1. Esas viejas costumbres.


    Fecha: 23/04/2021, Categorías: Incesto Autor: PrimerosPasos, Fuente: SexoSinTabues

    ... labios. No sabía qué hacer. Yo no quería. Me dijo que confiara, que era fácil. ¿A qué se refería, a mí o que chupar verga era fácil?, no lo sé. Pero cedí, y abrí. Él me tomó de la nuca y me la puso en los labios. Era gruesa. Abrí más, y me la metí. Solo me entraba la cabeza. Esa cosota era verdaderamente gruesa. -¿Viste, no es tan complicado?, ahora empezá a mover la boca. Y empecé. No era tan fácil. Me dolía la mandíbula. Además tenía un gusto raro, pero la situación me calentaba. Mi sobrino bañándose a pocos metros de nosotros para luego venir a cogerme y, mi cuñado, un tipo que siempre me causó rechazo, con su gruesa verga en mi boca… y yo, esforzándome en darle placer con mis labios. – Muy bien. Ahora, jugá por los costados de la cabeza. ¿Parece que te gusta, cierto?. A veces, sacátela de la boca y pásame la lengua por el tronco. Muy bien putita. Dale besitos. Así, así. Seguí chupando. Muy bien, putita, muy bien. Hacelo todo otra vez. – Perfecto, ahora podemos decir que aprendiste a chupar pija. Me causaba extrañeza que Gustavito no saliese del baño, y por otro lado, era cierto… eso de chupar me estaba gustando. Llevaba allí en el baño, como diez minutos. Casi el mismo tiempo que yo llevaba mamando a mi cuñado. Y se lo comente. Me dijo que su pibe se tardaba como media hora. Puso cara de pensativo. Se recostó en la cama, se bajó los pantalones, me miró sonriente y dijo: - Vení, aprovechemos de practicar un poco más. Vení, vení… chúpame la pija otra vez, me dijo. Yo ...
    ... solita fui gateando hasta su erecto pedazo de carne y me lo metí en la boca, repasando cada movimiento que me había enseñado. Me sentía una diosa. Como me tenía de costadito, en cuatro patas, aprovechaba a tocarme las tetitas. – Que duritas que las tenés Vanesa, son un gusto. También aprovecho a masajearme el trasero otra vez. Pero con más tranquilidad. Me pasó un par de dedos por la conchita. Yo le trataba de correr la mano. Pero el regresaba. Me alcanzo a meter un dedo. Grueso como él. Estaba tan mojada que era un esfuerzo sacarlo de ahí. También mi agujerito posterior recibió sus atenciones. Pero no pudo meterme más que una falange. Era virgen de ahí, y sus dedos, muy gruesos. Y yo no me dejé hacer eso. Pero seguía chupándolo con ganas. Eso sí me gustaba. Al rato, por el accionar de mi torpe, pero empeñosa boquita, acabó en un papel. Se vistió, se chupó los dedos, me dio un beso y salió de la habitación. Me besó. ¡Definitivamente estaba loca! Fui a la puerta del baño y le pregunte a Gustavito si estaba bien. Que lo estaba esperando. Salió solo con una toalla en su cintura. Olía a limpio. Lo acosté, le quité la toalla, y vi que tenía todavía cuerpo de niño. Era más alto que yo. Pero era muy joven. Apenas 14 años. Nos besamos rico. Y solita fui recorriendo su cuerpo hasta llegar al pitilin, que todavía dormía. Apliqué todo lo que me enseño su papá. Y mágicamente empezó a ganar grosor. Seguí con mi boquita y lengua, muy cariñosa. Y se empezó a parar. Ya no era un pitilín, sino una ...
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